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Full text of "La escala del poder : drama en tres actos y un prólogo"

y 



¿íáZ ¿ ± 





EL TEATRO 



COLECCIÓN 

DE OBRAS DRAMÁTICAS V L1RICAÍ 



LA GSG AXiA BEL P 



DRAMA EN VERCO EN TRES ACTOS Y UN PRÓLOGO. 





Imprenta de José Rodríguez, calle del Factor, núoi. 9. 




|U 



PUNTOS DE VENTA. 

Aladrid: librería de Cuesta, calle Mayor , núm. 2. 

PROVINCIAS. 



Albacete. 

ilcoy. 

Algeciras. 

Alicante. 

Almería. 

Aran juez. 

Avila. 

Badajoz 

Barcelona. 

Bilbao. 

Burgos. 

díceres. 

Cádiz. 

Castrour diales, 

Córdoba. 

Cuenca. 

Castellón. 

Ciudad-Real. 

Coruña. 

Cartagena. 

Chiclana. 

Ecija. 

Fi güeras. 

Gerona. 

Gijon. 

Granada. 

Guadalajara. 

Habana. 

Raro. 

Hnelva. 

Huesca. 

Jaén. 

Jerez, 

León. 

Lérida. 

Lugo. 

Lorca. 

Logroño. 

Lo ja. 

Málaga 



Serna. 

V.deMarlíé hijos 

Almenara. 

I barra. 

Alvarez. 

Sainz. 

Rico. 

Orduña. 

Viuda de Mayol. 

Astuy. 

Hervías. 

Valiente. 

V. de Moraleda. 

García de la 

Puente. 
Lozano. 
Mariana. 
Lara. 
Arellano. 
García Alvarez. 
Muñoz García. 
Sánchez. 
Garcia. 
Conté Lacosle. 

Dorca. 
Ezcurdia. 

Zamora. 

Oñana. 

CharlainyFernz. 

Quintana. 

Osorno. 

Guillen. 

Idalgo. 

Bueno. 

Viuda de Miñón 

Rixact. 

Pujol y Masía. 

Delgado. 

Verdejo. 

Cano. 

Casilari. 



Matará. 

Murcia. 

Motril. 

Manzanares . 

Mondoñedo. 

Orense. 

Oviedo. 

Osuna. 

Falencia. 

Palma. 

Pamplona. 

Palma del Rio. 

Pontevedra. 



Puerto de Santa 

Maria. 
Puerto-Rico. 
Reus. 
Ronda. 
Sanlucar. 
S. Fernando. 
Sta. Cruz de Te 

nerife. 
Santander. 
Santiago. 
Soria. 
\ Segovia. 
S. Sebastian. 
Sevilla. 
Salamanca. 
Segorbe. 

Tarragona. 

Toro. 

Toledo. 

Teruel. 

Tuy. 

Talavera. 

Valencia. 

Valladolid. 

Vitoria. 

Zamora. 

Zaragoza. 



Abadal. 

Mateos. 

Ballesteros. 

Acebedo. 

Delgado. 

Robles. 

Palacio. 

Montero. 

Gutiérrez éhijos. 

Gelabert. 

Barrena. 

Gamero. 

Cubeiro. 



Valderrama. 

Márquez. 

Prins. 

Gutiérrez. 

Esper. 

Meneses. 

Ramírez. 

Laparte. 

Sánchez y Rúa. 

Rioja. 

Alonso. 

Garralda. 

Alvarezy Comp. 

Huebra. 

Clavel. 

Aymat. 

Tejedor. 

Hernández. 

Castillo. 

Martz.delaCruz. 

Castro. 

M. Garin. 

Hernaiz. 

Galindo. 

Calamita. 

Pintor. 



LA ESCALA DEL PODER. 



BRAÍA E> TRES ACTOS Y UN prologo, 



original nn 



D. Zcottovo Kbntvvcvo. 



Representado por primera vez en el teatro del Príncipe el 
19 de abril de 1855. 






MADRID. 

Imprenta fie José Rodríguez, calle del Factor, nútn-9. 



a**¿."i. 



La propiedad de este drama pertenece al Direc~ 
tor de la Galería lírico-dramática El Teatro, y na- 
die podrá sin su permiso reimprimirlo ni represen- 
tarlo en los teatros de España y sus posesiones, ni en 
Francia y las suyas. 



M'S 



euoz 



Bon - (Eugenio íc ©cljoa, 



ó/¿ éedámonio c/e catu/co, 



iyeodoto Caietteto. 



bS59S <WM.a 






PERSONAJES. ACTORES. 



LAURA Doña Teodora Lamadrid. 

DOÑA 1S4BEL DE MEN- 
DOZA Doña María Rodríguez. 

MARQUESA DE PEÑA- 
FLOR Doña Lorenza Campos. 

MARÍA Doña Elisa Molina. 

EL REY FELIPE III . . . D. Joaquín Arjona. 

EL DUQUE DE LERMA. D. Enrique Arjona. 

D. LUIS DEVILLALBA. D. José Ortiz. 

EL DUQUE DE UCEDA . D. Victorino Tama yo. 

EL CONDE DE LEMOS . D. Fernando Ossorio. 

CORTESANO i.° D. Fernando Cuello. 

ÍDEM 2.° D. Federico Utrera. 

UN PAJE D. Luis Cubas. 

Caballeros v damas de la corle. 



El prólogo pasa en un castillo á algunas leguas 

de Madrid, en agosto de 1609 : los tres actos en 

el Real Palacio, un mes después. 



PROLOGO. 



Pabellón adornado con lu]o. — Al fondo una ventana 
cerrada. — Puertas laterales. — Al alzar el telón 
aparecen sentadas á la derecha Laura, leyendo 
i:n libro*, y doña Isabel, pensativa. —A la izquier- 
da duerme la Marquesa, recostada en un sillón, 
junto á una chimenea encendida. 



ESCEKA PRSBSERA. 

Laura, Isabel, Marquesa. 

Ísaijei.. (Levanta la cabeza y mira ú Laura.) 

Te divierte la lectora? 

Ojalá pudiera, hermana, 

fijar mi atención. 
Laura: Qné tienes? 

Isabel. No sé; pero sufro, Laura. 
Laura. (Con interés.) 

Tu tristeza no comprendo, 

Isabel; realizada 

tu ilusión verás muy pronto; 

tu primo Luis de Yillalba, 

á quien aderas, su mano 

te prometió; qué te falta? 



— 6 — 



Isabel. 
Laura. 
Isabel. 

Laura. 

Isabel. 



Laura. 
Isabel. 
Laura. 

Isabel. 



Laura. 

Isabel. 
Laura. 



Marq. 

Isabel. 

Marq. 

Isabel. 

Marq. 



Isabel. 



Siendo noble, bella y rica, 
qué necesitas? 

La calma. 
Por qué en perderla te empeñas? 
Ay! porque á mi mente asalta 
el temor de uf desengaño. 
Es muy descontenta el alma. 
Sabes que al morir mi padre 
á Luis exigió palabra 
de protegerme en el mundo, 
y él la dio aunque no me amaba. 
Mas no te ofrece su mano? 
El compromiso le arrastra-. 
Deliras! el sacrificio 
fuera grande! 

Lo sé, Laura; 
pero hay almas en la tierra 
que Dios con su mano marca, 
que para sufrir nacieron, 
y aunque el martirio las mata, 
las engrandece el martirio: 
sufren en silencio. 

Hermana, 
es verdad! más sufre el pecho 
cuando sus tormentos calla; 
pero no tienes razón, 
pues Luis te adora. 

Me engañas! 
(La Marquesa se despierta y escucha.) 
Si ausente Luis no estuviese; 
hoy tu tormento acabara . 
Los tumultos de Lisboa 
cesan; tengo la esperanza 
de verle pronto de vuelta." 
(No le verás.) 

'Dios lo haga! 
Isabel. 

Tia. 
(Sonriendo s"e.) Él te escucha, 
pues ya regresa Villalba 
de Portugal. 
(Se levanta.) Quién os dijo? 



Marq. (Id.) Buena pregunta! la Fama. 

Dó quiera que vá, su gioria 

deja un rastro de su marcha. 
Laura. (Id.) Su. valor y su nobleza 

mas sus virtudes ensalzan. 
Marq. Envidian todas tu suerte, 

pero serás desgraciada 

si á partir no te decides 

tu pasión con las batallas. 

Sueña el soldado en la gloria, 

y si la guerra le llama, 

corre febril y se olvida 

del dulce amor de su casa. 
Laura. Negra pintura es la vuestra, 

señora. 
Marq. Pero es exacta. 

Cuando Luis llegue á la corte 

se hará la boda arreglada, 

y á Madrid regresaremos; 

sé que mi castillo os cansa 

porque os aleja del mundo, 

lo que en verdad no me estraña. 

Mucho dejarlo me cuesta, 
pues mis achaques me acaban; 

la jaqueca me domina; 

hoy la atmósfera cargada 

me hace temer otro ataque. 
Isabel. No os recogéis? 
Laura. Estáis mala? 

Marq. El mal de siempre: los años. 

(Sale un Paje por la derecha.) 

ESCENA II 

Dichos, un Paje. 

Paje. Orden de vuecencia aguarda 

el señor Duque de Uceda. - 
Marq. (Viene al fin!) Sobrina, Laura, 

dejadme sola un momento. 

(Hace una seña al Paje, que se reli i a.) 

(Impaciente le aguardaba!) 



(Entran por la izquierda Laura y Doña 
Isabel, y por la derecha sale el Baque de 
Ucedia en traje de cazador.) 

ESCENA UL 

Marquesa, Uceda. 

Marq. Entrad, Duque. 

Uceda. Adiós, señora. 

Con vuestro permiso; estoy 

rendido: á sentarme voy. 
Marq. (Le señala un sillón, y se sientan.) 

Aqui. — Sois lijo: es la hora. 
Uceda. Exactos los hombres son 

cuando las cosas convienen; 

alas se dice que tienen 

la fortuna y la ambición. 

Y es verdad; porque volé 

por llegar á tiempo aqui; 

dos leguas solo corrí, 

y el caballo reventé. 
Marq. Duque, sois hombre de pro. 
Uceda. (Con énfasis.) 

Marquesa, soy intrigante. 
Marq. Con eso decis bastante. 

— No os echan de menos? 
Uceda. No. 

Al empezar la batida 

en los montes me interné; 

torcí el camino, y dejé 

atrás toda la partida. 

Está el Rey entretenido 

con la caza; vuelvo allá 

y ninguno notará 

mi falta. 
Marq. (Con ironía.) Sois atrevido? 

Triunfamos! 
Uceda. Asi lo creo; 

Marquesa, con vuestra ayuda 

y mi privanza, quién duda 

que consigo mi deseo? 



— 9 - 

Maro. Es difícil derribar 

al Duque de Lerma, pero 
con nuestro proyecto, espero 
que todo se lia de alcanzar. 
Uceda. Lerma es mi padre. 
Marq. > Es verdad; 

su ambición os trasmitió... 
Uceda. Y su plaza quiero yo. 
Marq. Silencio y habilidad! 
Uceda. Si el medio no puede ser 

noble, encubriré á lo menos... 
Marq. Todos los medios son buenos 

para escalar el poder. 
Uceda. Es penosa la subida. 
AUrq. Pero os sobra corazón. 
Uceda. Marquesa, tengo ambición, 

y la ambición es la vida. 
Marq. El Rey... 
Uceda. Busca las dulzuras 

del mundo, y con él me amaño; 
ya sabéis que le acompaño 
en todas sus aventuras. 
Marq. (Sonriéndose.) Lerma es casi inquisidor. 
Uceda. Manda mi padre en la ley, 
pero yo mando en el Rey: 
llevo la parte mejor. 
Marq. Le proporcionáis placeres 
que son efímeros, vanos; 
para atar al Rey las manos 
no pensáis en las mujeres? 
I'ceda. (Con disgusto.) Es un recurso fatal! 
Marq. Permitid que os aconseje. 
Las mujeres son el eje 
de la máquina social. 
Amando el hombre, no es dueño 
de su ser ni de su alma; 
ellas le roban la calma 
v le hacen grande ó pequeño. 
En el Rey nos favorece 
mucho su. debilidad; 
atamos su voluntad 
si su amor nos pertenece. 



— 10 — 



UCEDA. 

Marq. 

ÜCEDA. 

Marq. 

UCEÜA. 

Marq. 

UCEDA. 

Marq. 
Uceda . 
Marq. 
Uceda. 
Marq. 



Uceda. 
Marq. 



Uceda. 



Marq. 



Uceda. 
Marq. 



Toquemos, pues, el registro 

que tengo dispuesto ya, 

y nuestro plan vencerá, 

y seréis primer ministro. 

(Con deleite.) Y vos? 

[Fingiendo ) Seré... vuestra amiga. 

(Con exaltación.) De una mujer necesito! 

Sí: pues siempre un favorito 

es el alma de la intriga. 

Y esa mujer... 

Duque, yo 
todo lo tengo ar/eglado. 
Pero en quién habéis pensado? 
No lo adivinasteis? 

No. 
En mi sobrina Isabel. 

Y su honor? ah! qué estravio! 

(Con gravedad.) Duque, suhanor es el mió; 
atentara contra él? 
No peligrará su honor, 
que yo le sabré guardar. 

Y si el Rey la llega á amar? 
El cebo será su amor. 

Si el asunto se maneja 
bien, sois ministro al instante, 
pues un corazón amante 
qué niega á quien lo proteja? 
Corriendo tras el poder 
del cariño me he reido, 
hasta ahora no he conocido 
lo que vale una mujer. 
— Laura no fuera mejor? 
es libre... 

Tiene talento 
y comprendiera al momento 
que era un anzuelo su amor. 
Ademas, sabéis su suerte; 
padres no conoce. 

No? 
Mendoza la recogió, 
dejándomela á su muerte/ 
(Con misterio.) 



— 11 — 

—Os engañé; madre tiene; 
mas todo el mundo lo ignora; 
Laura es hija de una mora 
de Valencia. 
Uceda. No conviene!, 

porque eslán amenazados 
los moriscos en España, 
y no fuera cosa estraña 
el verlos esterminados. 
Marq. El tiempo vuela. 

(Se levantan.) 
Uceda. Es verdad. 

Marq. La noche llega; os perdéis 
en los montes, y traéis 
(Sonriéndose.) 
a su real majestad. 
Vé á Isabel; ella es hermosa, 
(Con malicia.) 
y sobre todo, es mujer; 
la ama si hacéis entrever 
una aventura amorosa, 
porque siempre agrada al hombre 
todo misterio. — Partid. 
I.'ceda. (Vacilando.) Marquesa, y si... 
Marq. (Interrumpiéndole.) Al Rey pedir 

que no revele su nombre. 
Uceda. Y si acaso... 

Marq. (Se dirige á la ventana y la abre.) 
Esta ventana 
una aventura présenla; 
sin ella, tened lo en cuenta, 
no sois ministro mañana. 
Uceda. (Con decisión.) Vendrá el Rey! 
Marq. Muy bien; marchad. 

Uceda. Marquesa, adiós; vuelvo pronto. 
Marq. Adiós. 
Uceda. (Qué astuta!) 

Marq. (Qué tonto!) 

Uceda. (La da la mano.) 

Silencio... 
Marq. Y habilidad. 

(Entra Uceda por la derecha.) 



— 12 — 
ESCENA IV- 

Marquesa. 

Te falta, Duque, talento.; 
mas te sabré dirigir. 
De él no puedo prescindir 
porque tiene valimiento. 
A Lerma derribaré 
y su hijo me vengará; 
primer ministro será, 
pero yo gobernaré. 

E3CEKA V- 

Marquesa. Después María. 

Maro. No debo perder el tiempo 

pues se hace tarde. — María. 

(Vuelve á sentarse.) 
María. (Por la izquierda.) 

Señora. 
Marq. Estoy, indispuesta; 

al punto á Isabel avisa. 

[Mana se retira.) 

escena vj. 

Marquesa'. 

Separada de la corte, 
sin influjo, sin intrigas, 
sin la privanza que tuve 
con la reina Margarita, 
quiero vengarme de Lerma, 
pues soy su eterna enemiga, 
y me vengaré; el ultraje 
fijo está en el alma mia; 
él me alejó de la corte 
con escándalo y mancilla, 
mas derribaré al coloso 



— 1 ° — 

si la fortima me ausilia. 
Uceda me pertenece; 
es un necio, mas le estima 
el soberano, y es fuerza 
que de pretesto me sirva; 
asi, en el alma del Duque 
haré mas honda la herida 
cuando sepa que es su hijo 
quien del poder le derriba. 

ESCENA VI E- 

Marquesa, Isabel, María. 

Isabel. Vuestros males se agravaron? 

Marq. Estoy sufriendo, sobrina; 

me atormentan los dolores... 

(María va á salir.) 

— No: no te vayas, Maria. 

(A Doña habtl.) 

— Escucha : el Duque de Uceda 

vino á darme una noticia 

que no esperaba; un sobrino 

que ha tiempo en Flandes tenia, 

don Pedro de Mon temar, 

viene á hacerme una'visita; 

anoche llegó á la corte 

y se unió á la comitiva 

que está en los montes ahora 

con el Rey de cacería. 

Ya ves, Isabel, mi estado; 

quiero que tú le recibas 

y m? disculpes; contigo 

quedaráse aqui Maria; 

aunque es de principios rectos, 

es hombre. 

Isabel. Está bien. 

Maro. (Se levanta.) Sobrina, 

procura mostrarte afable 
porque es hombre de valia. 
—En pié no puedo tenerme. 
(ApareJitaudo que sufre.) 



— 14 — 

— Manda encender las bujías 

y que preparen la cena, 

pues se hace tarde. — Maria, 

el brazo; me voy al lecho! 

Sufro! jaqueca maldita! 

(Se apoya en el brazo de Maria y entran 

por la derecha.) 

ESCENA Vill. 

Isabel. 

Montemar? este apellido 

no conozco en mi familia; 

si es mi primo, le veremos 

y daré gusto á mi tia, 

aunque en verdad no me agrada 

recibir esta visita, 

pues prefiero hallarme sola; 

pensando en Luis que es mi vida. 

(Sale per la izquierda Laura muy agitada.) 



i 



Laura, Isabel. 

Laura. Isabel. 

Isabel. Qué tienes, Laura? 

Laura. Traigo una buena noticia. 
Isabel. Una noticia? Es verdad 

que te encuentro conmovida. 
Laura. Una sorpresa. 
Isabel. (Con interés.) Sorpresa? 
Laura. Escucha. — Se fué tu tia? • 
Isabel. Su dolencia Ja persigue; 

sabes que es su medicina 

el lecho. 
Laura. Cuánto me alegro! 

Isabel. De que sufra? pobrecilla! 
Laura. No, Isabel: de que nos deje 

libre la noche.— Y Maria? 
Isabel, Con ella. — Vamos, me abraso 



— 15 — 





por saber esa noticia. 


Laura. 


Cuando hace pocos instantes 




de esle pabellón salia, 




Inés, nuestra camarera, 




entregóme esla misiva. 




(Enseña una carta.) 


Isabel. 


Inés te entregó esa carta? 




De quién es? 


Laura. 


No lo adivinas? 


Isabel. 


Es de Luis? 


Laura. 


Del mismo. 


Isabel. 


(Agitada.) Dame. 


Laura. 


(Sonriéndose, enseña el sobre.) 




Despacio! la carta es mia! 


Isabel. 


Es para tí? No comprendo... 


• Laura. 


Aunque está para mí escrita, 




las dulces frases que encierra 




vienen á tí dirigidas. 


Isabel. 


Acaba pronto! qué dice? 


Laura. 


Luis en secreto me avisa 




que anoche llegó á la corte; 




está el Rey de cacería, 


» 


y no pudiendo dar cuenta 




boy mismo de su venida, 


- 


montó á caballo, y en alas 




del amor que le domina 




aqui llega á sorprenderte. 


Isabel. 


Voy á verle! qué alegría! 


Laura. 


Suya será la sorpresa 




y te anticipo la dicha. 


Isabel. 


Eres un ángel, hermana! 


Laura. 


Qué no sacrificaría 




por tu suerte? nos queremos, 




Isabel , desde muy niñas; 




juntas crecimos, y juntas 


^ 


vemos pasar nuestra vida, 




siendo mis goces los tuyos, 




siendo tus penas las mias; 




no es cierto que vale mas 




una impresión compartida? 


Isabel. 


Sí, Laura. 


Laura. 


Vé : no retardes 



— 16 - 

el momento de tu dicha; 

Luis amoroso te aguarda 

en el jardín ; ya advertida 

Inés, estará contigo. 
Isabel. El corazón me palpita! 

Voy á verle! á verle, Laura! 

(Le estrecha las manos con ternura y corre 

hacia la puerta , pero alli se detiene y vuel- 
ve al proscenio.) 

Qué contratiempo! Mi tia, 

que según la dijo el Duque, 

esperaba una visita, 

como está enferma , me encarga 

que á esa persona reciba. 
Laura. Y esa persona quién es? 

La conoces? 
Isabel. Ni de vista. 

Es un primo que de Flandes 

llega: está en la cacería, 

y cuando el Rey se retire, 

dejando la comitiva, 

vendrá. 
Laura. Me ocurre una idea. 

Isabel. Cuál? 
Laura. Nada sabrá tu lia. 

No te conoce lu primo? 
Isabel. No. 

Laura. Di : cómo se apellida? 

Isabel. Don Pedro de Montemar. 
Laura. Vé , pues , al jardín tranquila; 

yo recibiré al de Flandes; 

esta noche soy su prima. 
Isabel. Pero, Laura... 
Laura. (Con malicia.) Te da miedo? 

Entonces, yo iré á Ja cita. 
Isabel. (Precipitadamente.) 

No! 
Laura. Se volverá á la corte, 

y quién el cambio averigua? 
Isabel. Tienes razón ; y por verle 
qué trance no correría? 
El de Flandes me perdone; 



— 17 — 

qué feliz soy! 

{Besa á Laura y sale corriendo por la de- 
recha.) 
Laura. Pobre niña! 

(Sigue con la vista á Isabel , y se queda un 
momento enajenada.) 

ESCENA X. 

Laura. 

Luis rae escribe ; quiere verme 
y su compromiso olvida; 
pobre Isabel! Luis me ama; 
su conducta lo acredita; 
por qué el corazón me late 
esta vez? No lo sabia? 
no le vi siempre á mi laclo 
devorarme con la vista, 
i revelándome su alma 
lo que el labio no decia? 
Pero no! fuera una infame! 
mi bermana es su prometida! (Pausa.) 
Estará abora embriagada 
con su amor, en las delicias 
de un tierno coloquio , solos, 
con sus dos manos unidas... 
(Con detpecho.) 
Y soy yo , yo que le adoro?... 
(Cambia detono con un arranque.) 
Si! que es noble el alma mia!... 
Estoy satisfecha! El cielo 
mi resignación bendiga! 

ESCENA XI 
Laura, María. 

María. Ya la señora Marquesa 

duerme , y me encargó... 
Laura. Maria, 

va sabes la confianza _ 



— 18 - 

que desde há tiempo rae inspiras. 

María. Rstoy dispuesta á serviros. 

Laura. Lo sé; una causa imprevista 
á Isabel impide ahora 
que al de Mon temar reciba; 
yo voy á ocupar su puesto, 
mas lo ha de ignorar su tía. 

María. Callaré. 

Laura. Disponlo todo 

en la habitación contigua: 
tú nos servirás la cena; 
haz que enciendan las bujias, 
y no te alejes. 

María. Comprendo, 

señora , y seréis servida. 
(Se retira por la izquierda. En seguida sa - 
len unos criados con candelabros , que po- 
nen sobre las mesas y la chimenea. Se oye 
el ruido de la lluvia al caer , y por la ven- 
lana del fondo se verán algunos relámpa- 
gos hasta el final del acto. Laura se sienta. 
Pausa.) 

esceba mi. 

Laura. 

Ay! en la lucha vencí 
á mi amor; el alma mia 
se baña en noble alegría... 
Estoy contenta de mí! 
Su pasión debo arrancar • 
del pecho y la arrancaré; 
ab! si! si! le olvidaré!... 
Y puedo acaso olvidar? 
El fuego de una pasión 
muy tarde ó nunca se apaga, 
aunque en el pecho se haga 
pedazos el corazón. 
Porque el alma enamorada 
que aparece fria y muerta, 
se reanima y se despierta 



— 19 — 

al calor de una mirada. 
Si! le olvidaré! este amor 
echar no pudo raiz... 
Me empeño en ser infeliz 
forjándome un torcedor! 
Este amor no es tan profundo 
que no le olvide!... Hay mil medios! .. 
Sufrir teniendo remedios 
para los males el mundo! 
(Se levanta.) 
Ah! si! si! quiero reirme 
de mi dolor! Soy mujer 
y padezco?... Quiero ser 
dichosa! quiero aturdirme! 
En el mundo olvidaré! 
Quién es Luis? Luis es un hombre, 
y hay tantos! Con otro nombre 
otro á quien amar tendré! 
Del naufragio , corazón, 
con valor te salvarás! 
Ah , mundo , mundo! serás 
mi tabla de salvación! 

(Entra por la izquierda. Un momento des- 
pués asoma Uceda por la ventana.) 

ESCENA XIII. 

Uceda. Después el Rey. 

Uceda. No hay nadie aqui? Pues adentro. 

(Cruza la pierna por la ventana y entra.) 
La Marquesa habrá arreglado 
todo : muy bien alumbrado 
este pabellón encuentro. 
(Se asoma á la ventana.) 
— Puesto vuestra majestad 
sobre el caballo , de pie, 
entrará como yo entré... 
Con tiento... y ahora saltad. 
(Aparece por la ventana el Rey , de caza- 
dor; Uceda le da la mano y salta adentro.) 
Dadme la mano , señor. 



— 20 — 



Rey. 



UCEDA. 



Rey. 

UCEDA. 



Rey. 

UCEDA. 

Rey. 



UCETU, 

Rey. 

UCEDA. 



Rey. 



Ya estoy en salvo : por Cristo,, 
te juro que no me he visto 
nunca en aprieto mayor. 
Cuando á la gente perdimos 
la lluvia empezó á caer; 
después de mucho correr, 
aqui luces distinguimos 
y á todo escape llegamos. 
Llamaste en vano á la puerta. 
(Sonriéndose.) 
Pero la ventana abierta 
estaba , y por ella entramos. 
Hay lumbre? Bien necesita 
mi cuerpo de algún calor. 
Lumbre en agosto! 

Mejor. 
— Quién este castillo habita? 
(Se sienta al lado de la chimenea.} 
Lo ignoro. 

Qué profusión 
de luces! 

Se me figura 
que os espera una aventura 
en aqueste pabellón. 
Duque, no me pesaría: 
me aburre estar ocupado 
en los negocios de Estado 
la mayor parte del día. 
Al Rey tachan de egoísmo? 
Vive para los ajenos, 
que el Rey es siempre el que menos 
se pertenece á sí mismo. 
No es fácil que uo pueblo vea 
del palacio lo interior; 
le deslumhra el resplandor 
del fausto que nos rodea. 
No averigua la verdad; 
ve la dicha , y no las penas; 
qué son las leyes? Cadenas 
que atan nuestra voluntad. 
Qué pueden hacer los reyes 
libre de interpretaciones, 



•- 21 — 



•si sus menores acciones 
í- f-stan sujetas á leyes? 

Y mandar , de todos modos 

es una misión terrible, 

Duque , porque es imposible 

mandar á gusto de todos. 

Busco en vano fortaleza, 

pues la fuerza me abandona; 

ó es pesada la corona, 

ó muy débil mi cabeza. 
üceda. (Con adulación marcada.) 

Graves serán sus cuidados, 

mas diré , si na importuno, 

que la lleváis cual ninguno 

de vuestros antepasados. 

Maneja bien vuestra mano 

el cetro ilustae; ay del dia 

que pierda la monarquía 

a tan grande soberano! 
Rey. Duque, eres adulador? 
Uceda. (Turbado.) Sirvo á vuestra majestad 

sin interés. 
Rey. Es verdad; 

eres leal servidor. 
Uceda. Si lo permitís, iré 

á buscar á vuestra gente, 

porque estar debe impaciente 

sin hallaros. 
Hly. Bueno: ve; 

mas me dejas solo aqui? 
Lceda. A escape vuelvo; si estrañan 

los grandes que os acompañan 

el que acá vinieseis... 
Rey. Si. 

Vuelve solo , pues no quiero 

que lo sepan ; me figuro 

que en este sitio seguro 

bien me encontraré. — Te espei-u. 
L'ceda. Cuando vuelva , qué señal 

para avisaros liaré? 
Rey. Dos palmadas. 
Uceda. Las daré. 



— 22 t- 

Rey. Adiós. 

Üceda. (Esto no va mal. 

(Se dirige á la ventana.) 

A bajar con tiento voy, 

que en la escala del poder 

(Cruza la pierna.) 

es peligroso caer, 

y puesto en la escala estoy.) 

ESCENA XIV. 

El Rey. 

Dónde estoy? Lo que me pasa 

es bien estraño : aqui entré 

sin pensar... Registraré 

el interior de la casa. 

(Se levanta y va á entrar por la derecha 

pero se detiene al ver salir á Laura , que s 

sorprende.) 

ESCENA XV. 

El Rey, Laura. 

I 
Laura. Santos cielos! aqui un hombre! 
Rey. {Sonriendo se.) 

No tengas miedo : tal soy 

que susto á las damas doy? 

(Se acerca á ella.) 

Quién eres? Dime tu nombre. 
Laura. (Sorprendida.) 

Mi nombre?... (Este es Montemar.) 

(Sonriéndose.) 

Y el tuyo? 
Rey. (Mirándola fijamente.) 

Qué! (Ya: me toma 

por otro; sigo la broma.) 

Tu nombre me debes dar 

y entonces daréte yo 

el que llevo. 
Laura. (Con malicia.) Te lo diera, 



— 23 









. 



si de sobra no supiera 

quién eres. 
Rey. (Con dis justo.) (Me conoció.) 

Verme aqui , no te sorprende? 
Laura. No: pues te esperaba. 
Rey. A mí? 

De antes me conoces? 
Laura. Si: 

por lu fama. 
Rey. (Quién entiende?.. ) 

A volverme loco vas! 

Y no te asusta mi nombre? 
Laura (Con estrañeza.) 

No : por qué? No eres un hombre 

como todos ios demás? 
Rey. De dónde vengo? 
Laura. (Riéndose.) Es secreto? 

Vienes de la cacería. 

(Se sienta cerca de la chimenea.) 
Rey. (Me conoce! y á fé mia 

que basta me pierde el respeto!) 
Laura. Vamos, siéntate ámi lado, 

primo. 
Rey. Qué! (Su primo yo?) 

Laura. Mataste algún ciervo? 
Rey. (Muy sorprendido.) No. 
Laura. Dime: y el Rey qué ha cazado? 
Rey. (Con malicia.) 

Una liebre astuta. 
Laura. Si? 

Pues lia tenido gran suerte. 
Rey. Por qué? 
Laura. Porque no es su fuerte 

la astucia. 
Rey. (Gracias por mí! 

pero yo te probaré 

lo contrario.) 
Laura. Qué! no vienes? 

Nada que contarme tienes? 
Rey. Mil cosas te contaré. (Se sienta á su lado.) 
Laura. Qué tal en Flandes? 
Rey. (Dudando.) Asi. 






— 24 



Laura. 


Mucho tendrás que contar; 
don Pedro de Mon temar 
adquirió renombre alli. 




Rey. 


Sin gran trabajo. (Ya sé 
cómo aqui me llamo ; bueno: 
vamos ganando terreno.) 




Laura. 


A Flandes vuelves? 




Rey. 


No, á fór 




Laura. 


Sola te recibo yo, 
pues la Marquesa , mi tia r 
que recibirte debia 
hace poco se acostó. 
La jaqueca... 




Rey. 


(Asintiendo.) Si. 




Ladra. 


No goza 
de buena salud. 




Rey. 


Qué quieresf 
los años!... Con que tú eres... 




Laura. 


(Riéndose.) 

Tu prima Isabel Mendoza. 




Rey. 


(Se levanta impetuosamente.) 
No en vano en mi pecho salta 
el corazón! 




Laura. 


(Se levanta asustada.) 
Primo mió, 
qué te pasa? 




Rey. 


Ese desvio 
con tu primo es una falta. 
Siendo tan fuertes los lazos 
que nos unen , cómo , di, 
cuando entrar me viste aqui 






no me estrechaste en tus brazos? 




Laura. 


Estás loco? 




Rey. 


El regocijo 
de verte no lo merece? 
(Abre los brazos.) 
Vamos, prima... Me parece 
que no es mucho lo que exijo. 




Laura. 


Ño lo será , mas no puedo 
abrazarte. 




Rey. 


Eres cruel! 




Laura. 


Y tú atrevido. 





— 25 — 



Rey. 

Laur\. 
Ret. 

Laura. 

Rey. 
Laura, 



Rey. 

Ladra. 

Rey. 



Laura. 

Rey. 

Laura. 

Rey. 



Laura. 
Rey. 



(Insistiendo.) Isabel, 
vamos. 

No. 

Me tienes miedo? 
No ; pero pides en vano 
lo que no te debo dar. 
Insistiré. 

(Sonriéndose.) Montemar, 
conténtate con mi mano. 
(El Rey coge lo mano que Laura le pre- 
senta, y la estrecha con efusión entre las 
suyas; debe decir rápidamente y con calor 
los siguientes versos, recargando las pala- 
bras subrayadas.) 
Qué delicioso calor 
me presta tu mano! Prima, 
deja que un ósculo imprima 
en mano de tal primor. 
(Con gravedad y retirando la mano.) 
Montemar! 

Te maravilla? 
Justo es que á mi otoño diera 
boy calor tu primavera; 
perdóname esta primilla. 
Ofréceme, prima mia, 
ó no reprimo el despecbo, 
las primicias de tu pecho; 
ay! qué dulce primacial 
El primazgo no me agrada; 
pues tu pasión mi primera 
es, mi primado te diera; 
no amarme es una primada. 
(Riéndose.) 

Gastas humor en verdad. 
Es que enamurado estoy. 
Sí? 
(Retirándose.) 

(Me parece que voy 
perdiendo mi dignidad.) 
Huyes de mí? 
(Se acerca.) Si esloy ciego, 
delirante v abrasado! 

















.YSH 



' 






— 26 — 



Laura. 


Ya se ve; te has acercado, 
imprudente, mucho al fuego. 








(Le señala la chimenea.) 






Rey. 


Eres bella y pierdo el juicio! 






Laura. 


La luz te engaña. 


' 




Rey. 


No tal. 






Laura. 


La llaman artificial, 




. 




pues protege el artificio. 






Rey. 


Al sol lo mismo te amara. 






Laura. 


Ya te desengañarás. 






Rey. 


No, que al sol eclipsarás: 
hay dos soles en tu cara. 






Laura. 


Subes mucho, Montemar, 








con tus exageraciones; 








tan elevado te pones 








que no te alcanzo á mirar. 






Rey. 


Tus soles tienen asiento 








en ese cielo, Isabel; (Señala á su cara.) 



Laura. 

Rey. 

Laura. 

Rey. 

Laura. 

Rey. 

Laura. 

Rey. 



Laura. 

Rey. 

Laura. 

Rey. 

Laura. 

Rey. 

Laura. 



para llegar hasta él 
remonto mi pensamiento. 
(Riéndose.) 

Baja, si me quieres ver. 
No. 
Eres galán. 

Tú donosa. 
Eres voluble. 

Y tú hermosa. 
Eres falso. 

(Con intención.) Y tú mujer. 
(Laura se rie.) 
— El contacto de tu mano 
preso al punto me dejó 
en tu red. 

Prenderte yo? 
Soy alguacil ó escribano? 
Me ataste con dulce yugo. 
Soy cura ó suegra? 

Me malas! 
No soy médico. 

Me tratas 



sin piedad! 



' 



No soy verdugo. 



— 27 - 



Rey. 

Laura. 
Rey. 
Laura. 
Rey. 

Laura. 

Rey. 

Laura. 

Rey. 



Laura. 

Rey. 

Laura. 

Rey. 

Laura. 

Rey. 

Laura. 



(Exasperado.) 
Me haces perder el juicio! 
Pues no soy la poesía. 
Ay! me abrasas, prima mia! 
Pues no soy el Santo Oficio. 
Te estás burlando? Haces mal 
porque abusas de mi estado. 
Prima, estoy enamorado! 
Vete, pues, al hospital. 
Tienes yerto el corazón? 
(Burlándose.) 
No ves la llama? 

Estoy ciego! 
( Vá á acercarse á Laura, pero ella le de 
tiene y señala con intención la chimenea.) 
No te acerques tanto al fuego 
que vas á hacerte un tostón! 
(Qué mujer tan singular!) 
Montemar, estás cansado? 
Sentir cansancio á tu lado! 
Voy á darte de cenar. 
Quién piensa?... 

(Riéndose.) Primo, el amor 
también del hambre se asusta; 
al pecho tomar le gusta 
de su vecino calor. 
(Entra por la izquierda.) 






ESCENA 



El Rey. 



■ 
XVI. 









Quién será ese Montemar 
y quién será la Marquesa? 
Si aquel viene, una sorpresa 
Isabel se va á encontrar. 
Ah! mujer encantadora! 
Enamorado me siento! 
Qué discreción! qué talento! 
qué gracia tan seductora! 
Su gracejo no es desvio, 
pues me escuchó sin enojos; 









i 
.n\ u.A 



— 28 — 

si, si... y me echaba unos ojos... 

pero qué ojos, Dios mió! 

El amor de esa mujer 

me hace feliz; si me ama 

no habrá encendido su llama 

mas que mi propio valer. 

{Sale Laura; detrás María y dos criados 

con una mesa, donde estaráservida lacena, 

y la colocan en el proscenio á la izquierda; 

María pone dos candelabros sobre la mesa y 

se retira con los criados cuando lo indica 

la acción.) 

ESCENA XVII. 



El Rey, Laura. 

Laura. Colocad aqui la mesa. 

Ya te puedes retirar. (A María.) 

(Se acerca al Rey.) 

Mucho siento, Montemar, 

que enferma esté la Marquesa. 
Rel. (Con ironía.) 

Yo también, porque á estar buena 

hoy nos acompañaría. 
Laura. A cenar. 
Rey. (Por vida mia 

que no huele mal la cena!) 

(Al dirigirse á la mesa detiene Laura al Rey 

y le dice con gravedad.) 
Laura. Cenaré contigo, pero 

una palabra darás. 
Rey. Cuál es? 
Laura. Que no me hablarás 

de amor. 
Rey. Isabel! 

Laura. Lo quiero! 

Rey. Ridicula condición! 
Laura. Es espuesto amar comiendo. 
Rey. No me importa. 
Laura. No estás viendo 

que harás mal la digestión? 



29 — 



Rey. 



Laura. 

Rey. 
Laura . 



Rey. 

Laura. 



Rey. 



Laura. 
Rey. 



Laura. 
Rey. 



Laura. 

Rey. 

Laura. 



Rey. 
Laura. 
Rey. 
Laura. 



(Se dirigen á la mesa y se sientan.) 

— Parca es la cena , y no sé 

si la sazón.... 

(Con gracejo.) Sazón? si: 

tú la das; yo solo aqui 

desazonado estaré. 

(Reconviniéndole y queriendo levantarse.) 

Primo , olvidas lo tratado? 

(La detiene.) De qué hablamos? 

Si queremos 
perder el tiempo , hablaremos 
de las cosas del Estado. 
(Sonriéndose.) Bueno. 

Pues de Flandes llegas, 
di : qué piensan por allá 
de nuestra España? 
(Turbado.) Rali! bah!... 

No saben... están á ciegas... 
Mala tierra!... no me agrada... 
Las hembras me dan enojos... 
No hay en Flandes unos ojos 
que tengan esa mirada! 
Pronto olvidas, Montemar, 
tu promesa. 

Si : convengo; 
mas como de Jejos vengo 
hoy me loca preguntar. 
—Qué se había del Rey? 

' De cual? 
(Sorprendido , deja el cubierto.) 
La pregunta es muy eslraña! 
Hay mas de un rey en España? 
Dicen que hay dos. 
(Con ira.) Dicen mal! 

Hay dos reyes ; no te asombre, 
ni esto te cause despecho; 
un rey que manda de hecho, 
y otro que manda en el nombre. 
(Sonriéndose.) Ya: el uno dicta la ley. 
Lerma es el rey verdadero. 
Pues y Felipe tercero? 
Felipe... se llama rey. 









— 30 — 

Rey. Mal le aprecias , cuando dices 

lo que dicen . 
Laura. No, quisiera 

que ser monarca supiera 

para hacernos mas felices. (Burlándose.) 

Sueña en su saber profundo 

ser monarca universal; 

gobierna su casa mal 

y gobernar quiere el mundo. 
Rey. (Afectado.) Y tratan con mas fortuna 

- al rey-ministro? 

Laura. Peor! 

Rey. Pues cómo? 
Laura. (Riéndose.) «El tambor mayor 

de España» le llama Osuna. 
Rey. Con tanta severidad 

juzgan al Rey? 
Laura. Es valiente 

y generoso y prudente; 

pero no es rey. 
Rey. (Se levanta despechado de la mesa.) 

Es verdad! 
Laura. (Sorprendida.) Te enojaste? 
Rey. (Aparentando sonreírse.) No. 
Laura. Pues ven. 

Rey. No ceno mas. 
Laura. Tienes vena 

de loco? Dejas la cena 

y con ella á mí también? 
Rey. Dejarte? lo intento en vano. 
Laura. (Se levanta y se acerca al Rey.) 

Al Rey defiendes? 
Rey. Le estimo 

tanto! tanto! 
Laura. (Le mira de cerca sonriéndose, y apoya su 

mano en el brazo del Rey.) 

Entonces, primo, 

tú no serás cortesano. 
Rey. (Con ternura.) Y por qué? 
Laura. Fué siempre ingrata 

con la vid la altiva yedra; 

trepando por ella medra, 



— 31 — 

vive á su sombra y la mata. 
Que son , debes comprender, 
la yedra los cortesanos... 
Rey. (Interrumpiéndola.) 

Y el rey la vid? 

Ladra. Besan manos 

que cortadas quieren ver. 
Rey. (Pensativo.) No olvidaré esta lección. 
Laura. (Con estrañeza.) 

Tú, Montemar? 
Rey. (Sonriéndose.) Quiero al Rey, 

y como le tengo ley 

be de abrirle el corazón. 
Laura. No te hará caso. 
Rey. Por qué? 

Laura. Porque dices la verdad. 
Rey. Tengo con él amistad; 

y también de tí hablaré. 

De fijo que si te viera, 

tu rostro al Rey encantara. 
Laura. Vamos: y si el Rey me amara? 
Rey. Ningunos celos me diera. 
Laura. Qué! tu pecho partiría 

mi amor con el Rey? 
Rey. Pues no! 

Y dichoso fuera yo! 
Laura. Qué amor á la monarquía! 
Rey. Soy á su cariño fiel. 
Laura. No sabe el Rey el vasallo 

que tiene! 
Rey. Sabe, aunque callo, 

que vivo solo por él. 
Laura. Es justo tu valimiento. 
Rey. Muy justo. 
Laura. Si, Montemar? 

— Es tarde ; voy á mandar 

que preparen tu aposento. 
Rey. (Sorprendido.) Dormir en tu casa yo? 
Laura. Pues dónde vas á dormir? 
Rey. Tengo al punto que partir; 

mi deber... 
Laura. Te vas? 



— 32 — 

Rey. No , no; 

me quedo. — Di la verdad: () <; 

no te será indiferente 

mi afición , que aunque naciente 

anuncia su intensidad? 
Laura. (Con ironía.) Hombre que sabe querer 

con ese amor tan postrado, 

lleva mucho adelantado 

para cualquiera mujer. 
Rey. A la corte pronto irás, 

pues yo te adoro , Isabel. 
Laura. (Burlándose.) Si el Rey me quiere , con él 

mi cariño partirás? 
Rey. (Con decisión, y se detiene.) 
" Yo soy... muy noble. (Por poco 

me declaro.) 
Laura. Vuelvo luego. 

Rey. Con tu ausencia quedo ciego! ¡ 
Laura. Hay luces. 
Re?. Me dejas loco! 

Laura. (Desde la puerta.) Cuando vuelva, te hallaré 

cuerdo. (Si amarle pudiera, 

y á Luis olvidara, fuera 

feliz!... Si, si! le amaré!) 

ESCENA XVIII. 



Er. Rey. 



Isabel ! Qué agitación! 
Late mi pecho intranquilo!... 
(Suenan dentro dos palmadas, pero dis- 
traído el Rey no las oye.) 
En este ignorado asilo 
se queda mi corazón. 
Cetro! tirana es tu ley! 
Cuánto aprendo sin él hoy! ¡ 
Feliz solamente soy 
cuando dejo de ser rey! 
(Suenan otra vez las dos palmadas.) 
Ilusión engañadora! 
Corona, me inspiras miedo! 



— 33 — 

(Con sarcasmo.) 

Pero quejarme no puedo, 

pues fui dichoso una hora! 

(Aparece Uceda por la ventana y entra.) 

ESCENA XIX. 

Et. Rey , Uceda. 



UCEDA. 


La señal dos veces di, 




y ya me hallaba impaciente. 


Rey. 


Dónde se encuentra mi gente? 


UCED.V. 


Espera cerca de aqui. 




— Solo estáis? 


Rey. v 


Duque , no estoy 




solo , pues conmigo llevo 




una imágpn. 


ÜCEDA. 


Vos? Me atrevo 




á preguntar , si no soy 




indiscreto... 


Rey. 


(Con entusiasmo.) Qué has de ser? 




Si yo quiero hablar de ella 




con todo el mundo ; es tan bella! ■ 




Qué mujer! ah ! qué mujer! 




Competir ninguna dama 




puede con ella en la corte 




por su talento y su porte. 


Uceda. 


Y sabéis cómo se llama? 


Rey. 


Doña Isabel de Mendoza. 


Uceda. 


Es peregrina hermosura! 


Rey. 


(Con interés.) La viste? 


Uceda. 


Por su figura 




de mucho crédito goza. 


Rey. 


(Con regocijo.) Nos comprendemos los dos.. 


Uceda. 


(Sonriéndose.) No desplegó el fingimiento? 


Rey. 


Si vieras con qué talento 




me habló mal del Rey! 


Uceda. 


(Asombrado.) De vos! 


Rey. 


De mí. 


Uceda. 


Y vuestra majestad, 




qué dijo entonces? 


Rey. 


Callé. 



— 34 — 

Uceda. Sin replicar? 

Rey. Para qué? 

Si decia la verdad. 
Uceda. No entiendo... 
Rey. Luego , Isabel 

de tu padre mal me habló; 

(Uceda finge sorprenderse.) 

pero con justicia. 
Uceda. Yo... 

(Con ahogada alegría.) 

(Le ha ensayado su papel 

la Marquesa!) Ya impaciente 

os aguardan. 
Ret. Duque , estoy 

muy contento; desde hoy 

vas á ser mi confidente. 
Uceda. Yo, señor? Tanta bondad!... 
Rey. Una prueba quiero darte, 

porque te debo gran parte 

hoy de mi felicidad. 

Te nombro mi sumiller 

de corps. 
Uceda. (Va á arrodillarse.) Gracias no sé dar... 
Rey. Levanta. — Quiero llevar 

á la corte á esa mujer. 

— Vamos. — (Isabel , adiós: 

te dejo un amor profundo, 

y en cambio me llevo al mundo 

tus verdades.) 
Uceda. Bajad vos. 

(El Rey baja, y Uceda dice al descender.) 

Marquesa , pronto verás 

sisé escalar el poder... 

Qué astuta! Soy sumiller? 

Es poco: quiero ser mas. 

(Cuando está Uceda bajando se asoma Vi- 

llalba por la derecha, y al examinar la ha- 
bitación vé á Uceda.) 



— 35 — 

ESCENA XX. 

Villalba. Después Laura. 

Yillal. Laura. — Un hombre! Vive Dios! 

Ah! quién contiene mis celos? 

(Corre á la ventana y cruza la pierna para 

bajar.) 

Son dos hombres! 

(Un relámpago ilumina lo interior.) 
El Rey! cielos! 

(Retrocede horriblemente alterado. Entra 

Laura por la izquierda con un candelero 

en la mano.) 
Laura. Venid!... Ah! Luis! 

(Corre hacia Villalba, que la rechaza.) 
Villal. Laura, adiós! 

(Sale precipitadamente por la derecha. 

Laura se estremece , deja caer el candelera 

y se queda inmóvil.) 



FIN DEL PROLOGO. 



=fi3=-g-= c S: 



ACTO PRIMERO, 



Salón iluminado en el palacio, Algunos caballeros y 
damas pasean por la sala, y oíros forman grupos. 
A la izquierda esíá sentado en un sillón el Conde 
de Lemos , y á su lado, de pie , los Cortesanos i.° 
y 2.° . 



ESCENA PRIMERA. 
JL.EMOS, Cortesanos í.°y2.° 

Le.mos. No hay que murmurar , señores, 

que en palacio las orejas 

oyen mucho. 
Cort.í. ° (Riéndose.) Si. 
Lemos. Es el baile 

una gran estratagema 

diplomática : mi tio 

es sabio. 
Cort.2. (Con ironía.) El Duque de Lerma 

siempre lo fué. 
Cort. \.° Que lo diga 

el estado de las rentas. 
Cort.2. Y las rentas del Estado. 
Cort. 1.° Perdió el crédito la Hacienda. 



— 37 — 



Le.mos. 



CORT. 2 

Lejíos. 



Lemos. Qué nos importa? Tenemos... 

Cort. i.° Qué tenemos? 

Lemos. Una deuda 

que durará muchos años. 

Cort. 2.° Buen caudal! 

Cort. i.° En nuestra tierra 

deber es mal incurable. 

Lemos. Es verdad , pues la miseria, 

que es el doctor que nos mata, 
el no pagar nos receta. 

Cort. 1.° Asi el crédito perdemos 

con Francia y con Inglaterra, 
y con maña Enrique cuarto 
la Lombardia provecta 
dar al Duque de Saboya. 
Filantropía estranjera! 
— En deber nada perdemos: 
hay ganancia. 

Buena cuenta! 
(Se levanta.) 

Si debiendo á vuestro sastre 
la ropa que lleváis puesta, 
os viese en algún apuro, 
peligrando la existencia, 
no vendrá en ausilio vuestro 
basta que paguéis la deuda? 
Si. 

Pues bien : si no pagamos, 
tenemos quien nos defienda. 

Cort. L°En este baile se gasta 
un capital. 

La etiqueta 
lo exige, pues de ese modo 
Felipe tercero obsequia 
al aya de las infantas 
sus hijas. 

Si : á la Marquesa 
de Peñaflor. 

Cort. 2.° (Con malicia.) Pero es cierto 
que la sobrina?.. 

Lemos. (Id.) Es muy bella! 

Cort. l.°Y el Rey?... Vamos. 



Corts. 
Lemos. 



Lemos. 



Cort. 1. 



— 38 — 

Lemos. En un baile 

los enemigos seacercan. 

Cort. 2.° Es decir que estará el aya 
reconciliada con Lerma? 

Lemos. Es el talle de mi tio 

muy flexible: se cimbrea 
ante el ídolo del Rey; 
pero es como la culebra, 
que al fin se levanta erguida 
para devorar la presa. 

Cort. i .° Hace dias que está triste. 

Lemos. Es astrónomo ; en su estrella 
distingue una mancba , y terne 
que eclipse la mancha sea. 

Cort. 1.° Algún negocio muy grave 
hoy revuelve en su cabeza. 

Lemos. Si : la espulsion de los moros, 
que es negocio de conciencia: 
el Rey está preparado, 
pues Sandoval le aconseja. 

Cort. 2.° Delito los moros tienen? 

Lemos. (Cotí ironía.) 

Su delito es su riqueza. 

Cort. 1.° Mal habláis de vuestro tio! 

Lemos. Es táctica : si supiera 

que hablaba mal , me daria 
un tapabocas de renta. 

Cort.í.°Avos? 

Lemos. No come del fisco 

toda su familia entera? 

Cort. 2.° Hace muy bien. 

Lemos. No me opongo: 

comen el Duque de Uceda, 
Bernardo de Sandoval, 
Borja, Miranda, Franchezza, 
sus hermanos los vireyes 
de Ñapóles y Valencia, 
y sus dos yernos , que chupan 
dos sabrosísimas brevas, 
sin contar su exagerada 
y menuda parentela, 
pues España es una viña 



- 39- 

que está de racimos llena, 
adonde ya pican solo 
los gorriones de Lerrna. 
Cort. 2.° (Riéndose.) 

Y queréis?... 

Lemos. Pues está claro. 

Cort. -i. 9 Según dicen malas lenguas 

sois, Lemos, el favorito 

del favorito. 
Lemos. Me aprecia 

y promete; soy su deudo, 

mas no me paga su deuda. 
Cort. i.° Sais joven, grande de España, 

y disfrutáis muchas rentas; 

para qué pedis empleo? 
Lejíos. BahJ por cálculo; aprovecha 

mas el oro del Estado 

que el de las propias haciendas; 

no os sabe mejor que en casa 

la sopa en la casa ajena! 

Y luego como ganarlo 
tan poco trabajo cuesta! 

Cort. 2.° Zumbón estáis. 

Lemos. Y las damas? 

siempre se pagaron ellas 

del poder; con buenos ojos 

le miran hasta las tuertas. 
Cort. l.°De distinto modo opina 

vuestro primo. 
Lemos. Quién? Uceda? 

Es un necio. 
Cort. i.° Es sumiller. 

Lemos. Dos veces necio. 
Cort. 2.° No piensa 

el Rey como vos; se dice 

que está en creciente su estrella. 
Cort. l.°Doña Isabel de Mendoza 

debe saberlo. 
Lemos. (Con interés.) De veras? 
Cort. l.°Será ministro; en España 

lo consigue el que se empeña 

en serlo. 



— 40 — 

Lemos. No me sorprende. 

(Se oye música dentro.) 
Cort. l.°(Al2.°) Vamos, que el baile comienza. 

ESCENA II. 

Lemos. 

Favor! cuál será el secreto 
de la privanza de Uceda? 
Doña Isabel es el hilo?... 
Yo encontraré la madeja 
para enredarla de modo 
que en mi provecho se vuelva. 
Es como el sol la corona 
por los rayos que refleja; 
el que la toca se abrasa; 
el que la evita se biela; 
mas yo medraré á la sombra 
que la corona proyecta, 
siendo satélite fijo 
de los astros que dan vueltas. 
(Cesa la música.) 



Lemos, Uceda. 

Uceda. (Tarda la Marquesa mucho!) 

Lemos. Primo, estás embelesado? 

Uceda. (Con desden.) Los negocios del Estado. 

Lemos. (Sorprendido.) Tú? Con sorpresa te escucho . 

Uceda. (Con desprecio.) Por qué? 

Lemos. Te hallas en contacto 

con el Estado?... A fé mia 

que ya entiendo! El Rey se fia 

de tu pericia y tu tacto?- 
Uceda. No; con intención siniestra 

me acusan. 
Lemos. Ya! tienes roce 

con el Rey? Bien se conoce 

que hay una mano maestra! 



— 41 — 



Uceda. (Aparentando modestia.) 

Conde! 
Lemos. Si no le abandona 

esa protectora mano 

y el Rey derriba al tirano 

brillará mas la corona. 

Como es hombre de valia, 

el pueblo aclama su nombre, 

comprendiendo que hay un hombre 

que salve á la monarquía. 

Él hará do varios modos 

inmortal su valimiento. 

(Con modestia.) Su talento... 

(Con intención.) Su talento'.' 

Ese lo conocen todos. 

Con él seremos felices: 

asi la patria lo espera. 

Y Lerma es esa lumbrera? 
Eres tú. 

(Turbado.) Primo! qué dices? 
Cerca del poder estás, 
y si llegas á subir, 
como sepas elegir 
personas , grande serás. 
(Desvanecido , le presenta la mano.) 

Y con tus buenos oficios 
cuento , si ese instante llega? 
Qué buen español niega 

á la patria sus servicios? 
El Estado es una nave 
que boga en incierto mar; 
en dejándola bogar, 
quién gobernarla no sabe? 
Dando un tumbo y otro tumbo 
prosigue su marcba lista; 
si algún escollo se avista 
no hay mas que cambiar de rumbo. 
Si torpe el piloto estrella 
Ja nave , hay siempre un residuo 
para salvar su individuo 
con lo que llevare en ella. 
Uceda. Entiendes bien los negocios 



Uced\. 
Lemos. 



Uceda. 
Lemos. 
Uceda. 
Lemos. 



Uceda. 



Lkmos. 



que afectan mas al Estado. 
Lemos. En estudiar me he ocupado 

el valimiento en mis ocios. 
Uceda. Pruébalo; mi valimiento 

es firme? 
Lümos. Como el que goza 

doña Isabel de Mendoza. 
Uceda. (Turbado.) Quién dijo?.. 
Lemos. (Sonriéndose.) Quién? Mi talento. 

Uceda. Y todo lo sabes? 
Lemos. (Mirándole fijamente.) Si. 
Uceda. Mi proyecto no es brillante? 
Lemos. Si; mas llevarlo adelante , 

no es fácil. 
Uceda. Lo es para mí. 

Conspirarás? 
Lemos. (Con ironía.) Puede ser. 
Uceda. (Receloso.) Tienes con mi padre arrimo. 
Lemos. Bab! quién no conspira , primo, 

contra el que está en el poder? 
Uceda. Bien; esta noche se da 

el golpe. 
Lemos. Si; por supuesto; 

pero cuidado! (Qué es esto? 

Él todo me lo dirá.) 

Doña Isabel prevenida 

al palacio viene? 
Uceda. No. 

Lemos. (Cortado.) Es decir , ya entiendo yo 

como la trama está urdida; 

pero... es difícil... tú quieres... 
Uceda. Sabe la Marquesa mucho! 

derriba á Lerma. 
Lemos. (Qué escucho?) 

(Riéndose.) El diablo son las mujeres! 

(Aparece Villalba por el fondo y se sienta 

sin que lo vean.) 



43 — 



ESCENA ¡V. 

Dichos, Villalba. 



UCEDA. 


Lo derriba. 


Lemos. 


Si, pues goza 




de favor, fácil seria... 


ÜCEDA. 


(Con malicia.) 




Fácil! la Marquesa es tía 




de doña Isabel Mendoza. 


YlLLAL. 


(Sorprendido.) 




Qué dice? 


Lemos. 


Esplícame donde 




el Rey á la dama habló! 


UCEDA. 


En su castillo la vio. 


L*EMOS. 


En su castillo? 


Uceda. 


Si, Conde. 




Un mes hace ya: cazando 




en el monte nos perdimos, 




y á su castillo subimos 




porque estaba lloviznando. 




Le dejé; su majestad 




alli vio á doña Isabel; 




ella es linda, galán él, 




y prendóle su beldad. 




El Rey su nombre ocultó; 




ella creia esperar 




á un su primo Montemar, 




y el Rey su plaza ocupó. 


Lemos. 


Es donosa la aventura. 




Y después? 


Uceda. 


El Rey la ha amado, 




y á palacio la ha llamado; 




su pasión raya en locura. 




Varias veces un papel 




el primo supuesto ha escrito, 




yo, que soy el favorito, 




lo daba á doña Isabel. 




A contestar se negó... 


Lemos. 


Y lo amaba? 


Uceda. 


Si; su tia 



— 44 - 





cartas de amor escribía 






que al Rey entregaba yo. 




Llmos. 


Y cuando sepa la dama 
que es el Rey?... 




UCEDA. 


Eso le abona; 
el brillo de la corona 
mas avivará su llama. 






(Villalba se adelanta; al verle, Uceda 


se es- 




tremece.) 




VlLLAL. 


Duque. 




ÜCEDA. 


(Con risa forzada.) 
Villalba. 




VlLLAL, 


Con vos 
hablar quisiera. 




ÜCEDA. 


Conmigo? 
Hablad , el Conde es amigo. 




VlLLAL. 


I'ues hablaré con los dos; 
porque me imporla saber, 
si de hidalgos blasonáis, 
en cuánto precio tasáis 
el honor de una mujer. 




ÜCEDA. 


Villalba! 




VlLLAL. 


En palacio estamos! 




UCEDA. 


No lo olvidéis. 




VlLLAL. 


A estar fuera 
de otro modo os lo dijera. 




IjCEDA. 


Me insultáis? 




VlLLAL. 


Si. 




UCEDA. 


Vamos. 




VlLLAL. 


Vamos. 
(Van a salir y Lemos se interpone.) 




Leímos. 


Esténse quedos, señores! 
Mal sienta á los caballeros 
el desnudar los aceros 
por enredijos de amores. 
Deponed vuestro despecho 
por no dar gusto á la espada, 






pues como es hembra, le agrada 
hacernos daño en el pecho. 


< 


VlLLAL. 


Chanzas gastáis? por mi vida!... 




Lemos. 


(.4 Uceda.) 
Le enojamos. 





— 45 — 



ÜCEDA. 


(A Lemos.) Quién es él?... 




VlLLAL. 


Quién soy? Mi prima Isabel 
es mi esposa prometida. 




UCEDA. 


Prometida vuestra? 




VlLLAL. 


Si. 




ÜCEDA. 


Sabéis? 




VlLLAL. 


Y seré su escudo. 




UCEDA. 


Mas bien procurad ser mudo. 
(Este mozo estorba aqui.) 




YlLLAL. 


Me opondré, Duque! 




ÜCEDA. 


Haréis mal; 
vuestro brazo es impotente, 
Villalba, tened presente 
que es el Rey vuestro rival. 






(Se vapor el fondo. Villalba va 


á seguirle, 




pero Lemos le detiene.) 






ESCENA V. 






Villalba, Lemos. 




VlLLAL. 


Le encontraré en mi camino! 




Lemos. 


Os cerrará el paso. 




VlLLAL, 


No, 





Lemos. 



Villal. 



Lemos. 



VlLLAL, 

Lemos. 



porque abrirlo sabré yo! 
Razón tengo! 

Desatino! 
La corona está elevada; 
no alcanzáis. 

No me da miedo! 
pues qué, alcanzarla no puedo 
con la punta de mi espada? 
Quema como el sol su llama; 
si el sol os da un tabardillo 
el recurso es muy sencillo. - 
Cuál es? 

Meterse en la cama. 
(Villalbamira airado á Lemos que se sonríe.) 
Si quiere doña Isabel 
al R,ey, seguirá su suerte; 
pretendéis buscar la muerte 
y por una dama infiel? 



— 46 — 

Villal. El honor. .. 

Lemos. Vana quimera! 

Cómo ha de tener guardada 

una cosa tan pesada 

una mano tan ligera? 
Villal. (Con ira.) 

Lemos! 
Lemos. Esto 03 aconseja 

mi razón. Quedad con Dios. 

(Villalba! Uceda! Son dos! 

Ya tengo aqui la madeja.) 

(Sale. Villalba se deja caer abatido en un 

sillón.) 

ESCENA VI. 

Villalba. 



Isabel! El Rey! Mi nombre 

befa de los cortesanos! 

Son impotentes mis manos?... 

Por qué no es el Rey un hombre? 

Hay algún misterio aqui; 

aquella noche, Isabel 

hablar no pudo con él; 

Laura es Ja que estaba allí. 

Laura! Desde aquel momento 

celos abrigo en el alma! 

Vivo sin vida, sin calma, 

y escondo mi sufrimiento! 

Mi prima á la corte viene 

y ama al Rey?... La acusa el mundo? 

Pero es ella?... Me confundo! 

cuál de' las dos razón tiene? 

Venganza ! Su majestad 

mata en Isabel mi honor 

ó en Laura mata mi amor! 

Horrenda lucha en verdad! 

Isabel?... No puede ser!... 

Laura?... No es posible... pero... 

Ay! yo no sé lo que quiero 



— 47 — 

ni lo que debo querer! 

(Se cubre el rostro con las manos. Entra 
por el fondo Uceda hablando con la Mar- 
quesa, y detrás Doña Isabel.) 

ESCENA VIS. 



Villalba, Doña Isabel, Uceda, La Marquesa. 

Uceda. (A la Marquesa.) Está brillante la fiesta 
que dá el Rey en vuestro obsequio, 
y á vos y á vuestra sobrina 
su majestad quiere veros. 

Marq. El honor que nos dispensa 
su majestad es inmenso. 

Uceda. [á Doña Isabel.) El Rey es galán; de fijo 
que al ver esos ojos negros, 
por no desmentir su fama, 
ha de quemarse en su fuego. 

Isabel. (Turbada.) Duque! 

Marq. No tiñais su rostr 

con el rubor. 

Uceda. No pretendo... 

(Doña Isabel, que se ha vuelto en aquel mo- 
mento , vé á Villalba de pie á la izquierda, 
que los observa con aire sombrío , y corre 
hacia él.) 

Isabel. Luis! 

Villa l. Isabel! 

Marq. Te buscaba 

como te busco en mis sueños! 
( Villalba y Doña Isabel hablan á la izquier- 
da durante toda la escena. La Marquesa y 
Uceda á la derecha.) 

Uceda. Se quieren? 

Marq. Amor de niños; 

llama sin calor : un juego. 

Uceda. Ese amor es un estorbo 

muy grande ; Marquesa , creo 
que poner es conveniente 
para todos tierra enmedio . 

Isabel. Estás triste? En tu semblante 



48 



ViLLAL. 

Isabel. 

Villal. 

Isabel. 

Villal. 

Isabel. 

Villal. 

Isabel. 

Villal. 
Isabel. 

Villal. 

Isabel. 



Villal, 
Isabel. 
Villal. 

Isabel. 

Maro.. 

UCEDA. 



Marq. 
Villal 



nunca una sonrisa veo; 

dejaste acaso en Lisboa 

un amoroso recuerdo? 

Te amo tanto! Me comprende*? 

Di : conoces á don Pedro 

de Montemar? 

(Se turba.) Yo!... 

(Con ira.) Responde! 

Yo... no sé... Es un primo nuestro... 

Le conoces y te turbas? 

(Sorbiéndose.) Turbarme yo? Tienes celos? 

Responde, Isabel! 

Debia 
conocerle: es un secreto... 
Habla! 

No culpes á nadie, 
pues tú fuiste... 

Qué misterio? 
Fué Montemar al castillo; 
mi tía estaba en el lecho , 
y por verte aquella noche 
ocupó Laura mi puesto; 
Montemar ignora el cambio, 
pero está de amores ciego 
por Laura. 

(Trémulo.) Y le corresponde? 
Pretende evitarlo; pero... 
(Con despecho.) 
Si! le quiere! 

Qué te importa? 
Seréis ministro modelo. 
Es tacto : vos me enseñáis; 
el Rey acogió al momento 
mi idea. 

Está enamorado, 
y hacen locuras los celos. 
(Laura es la que el Rey pretende! 
Por qué alegrarme no puedo?) 
Está tu honor en peligro; 
vive , Isabel , con recelo, 
porque hay en palacio lenguas 
que matan con su veneno. 



— 49 — 

Isabel. (Se estremece.) Luis! 

Villal. El favor lie los royes 

se compra caro! 

Isabel. No entiendo!... 

Villal. La virtud es ave tímida 
que no remonta su vuelo; 
vive en su atmósfera siempre 
al calor del pensamiento; 
si atrevida cruza el éter, 
quema sus alas el fuego, 
y vá á morir entre fango, 
habiendo tenido un cielo! 
(El Duque de herma entra por el fendo y 
se detiene un momento al ver á la Marque- 
sa ; después se esfuerza para sonreírse ij se 
adelanta.) 



ESCENA VISI. 





Dichos, Lerma. 


Lceda. 


(Ap. á la Marquesa.) 




Mi padre! 


Marq. 


(Id. á Uceda.) Ocultad las cartas, 




que no nos sorprenda el juego. 


Lerma. 


Salud, ilustre Marquesa! 


Marq. 


(Solviéndose.) 




Duque , salud! 


Lerma. 


Gran contento 




me causa vueslra venida. 


Marq. 


Ese favor agradezco. 


Lerma. 


No es favor. 


Marq. 


Os correspondo 




con un cariño sincero. 


Lerma. 


La sinceridad , señora, 




es joya de mucho precio; 




pero cómo quilatarla 




en vuestros labios no encuentro. 


Marq. 


Y por qué? 


Lerma. 


Porque os conozco. 


Marq. 


Es verdad : nos conocemos. 


Lerma. 


Nuestra amistad es antigua. 



— 50 — 



M ARQ. 


Si: todo lo borra el tiempo. 


Lerma . 


(Con ironía.) Todo envejece en el mundo: 




solo en la vida es eterno 




el rencor , cuando devora 




su punzante espina el pecho; 




crece el rencor , y se hace 




mas malo cuanto mas viejo. 


Marq. 


(Turbada.) Rencor, Duque? Nací noble! 




No temáis... 


Lerma. 


No; nada temo: 




de ningún modo aludia 




á nosotros. 


M ARQ. 


Por supuesto. 


Lerma. 


(Señala á Doña Isabel.) 




Es vuestra sobrina. 


Marq. 


Si: 




mi sobrina. 


Lerma. 


No mintieron 




al ponderar su hermosura. 


Marq. 


Sois galán. 


Lerma, 


Es un modelo! 


Marq. 


Duque! 


Lerma. 


(Con intención.) Me agradan las damas 




aunque ya voy^para viejo. 


Marq. 


(A Uceda.) 




No aprendáis estas lecciones. 


Uceda. 


No lo permite el respeto. 


Lerma. 


(A Doña Isabel.) 




Estáis contenta en la villa? 


Isabel. 


Yo, señor... 


VlLLAU 


(Se adelanta.) Con sentimiento 




dejó el retiro. 


Lerma. 


De veras? 


Marq. 


(A Villalba con ironía.) 




Ella os lo dijo? 


Villal. 


(Mirándola fijamente.) Y lo creo. 


Lerma. 


De la cámara ha salido 




su majestad : vendrá presto 




á esta sala , y de un asunto 




urgente que hablar tenemos. 


Uf.EDA. 


Presentar á su sobrina 




debe... 



— 51 — 

Lerma. Sin Tiviso previo 

de su majestad , Uceda? 

Uceda. Ali! tenéis razón. 

Lerma. (Con irania.) Infiero 

que no olvidará el mandato; 

podéis esperar adentro; 

está la tiesta animada 

(Dirigiéndose á Doña Isabel.) 

y os buscan ; el nombre vuestro 

circula de boca en boca 

de damas y caballeros; 

sois esta noche la reina .. 

(Doña Isabel se estremece , y la Marquesa 

mira irritada a Lerma.) 

Marq. Duque! 

Lerma. (Sonriéndose.) Déla fiesta. — Creo... 

Marq. (Reprimiendo la ira.) 
Uceda , dadnos el brazo. 
(Me vengaré de su esceso!) 
(Uceda da el brazo á la Marquesa y á Doña 
Isabel , y se van por el fondo ; Lerma los si- 
gue con la vista con sonrisa maliciosa. Al 
volverse vé á Villalba á su lado.) 

ESCENA !X. 

Lerma, Villalba. 

Lerma. Aquí os quedáis? 

Villal. Me retiro: 

antes advertiros quiero 
• que piséis con planta firme, 

pues vais perdiendo terreno. 
Lerma. Mil gracias ; dice el refrán; 

del enemigo el consejo. 
Villal. Yo enemigo? 
Leuma. Quién lo duda? 

Sois de la Marquesa deudo. 
Villal. Pero conozco sus planes 

inicuos y estoy dispuesto 

á echar abajo la trama 

que proyecta. 



— 52 — 

Lerma. (Con intención.) Hay un proyecto? 

Villal. Interesada mi honra 
está en abatirla. 

Lerma. Bueno. 

Villal. Queréis ayudarme? 

Lerma. Yo? 

Villal. Unidos mucho podremos.' 
Mañana no sois ministro! 

Lerma. (Se estremece involuntariamente.) 
Qué decis? 

Villal. Nada: hasta luego. 

Cuando á la cámara vuelva 
su majestad, os espero. 

Lerma. Dónde? 

Villal. Aqui. 

Lerma. Contad conmigo: 

sois un mozo de provecho. 
( Villalba se retira, y Lerma , que ha lucha- 
do por aparecer firme , demuestra su agi- 
tación.) 

ESCENA X. 



Lerma. 



«No sois ministro mañana!» 
Oh! qué quiere decir esto? 
Una trama?... No es posible! 
Quién me roba este derecho? 
Quién puede luchar conmigo 
que soy el rey verdadero? 
Mi voluntad no es suprema? 
No hace el Rey cuanto deseo? 
No es soberano albedrio 
cuanto pido y cuanto anhelo? 
Nadie me arrebata el mando! 
Yo soy Felipe tercero! 
Rey de España! no! no abriga 
grandes pasiones tu pecho! 
no sabes lo que es la gloria 
de mandar! — No cedo el puesto! 
Tengo ambición! tenso fuerza! 



Monarca inútil, luchemos! 
No podrás con tu corona 
(Esgrimiendo la mano derecha.) 
arrancar de aqui tu cetro! 

ESCENA XI. 

Lerma, Uceda. 

Uceda. A esta sala se dirige 

el Rey. 
Lerma. Bien : vete. 

Uceda. Me quedo. 

Lerma. Para qué? Tengo que hablarle. 
Uceda. Yo también que hablarle tengo. 
Lerma. Te dispensa confianza? 
Uceda. (Con énfasis.) 

Alguna , señor. 
Lerma. Me alegro, 

por si acaso necesito 

de tu pobre valimiento. 
Uceda. No tan pobre. 
Lerma. Escucha, Uceda: 

siempre fuiste el predilecto 

de mis hijos , y te traje 

á la corte... 
Uceda. (Con disgusto.) Lo recuerdo. 
Lerma. Aunque á veces te decides 

á no seguir mis consejos 

por tu carácter altivo, 

soy padre y dártelos debo. 

■ — Sabe mucho la Marquesa 

de Peñaflor. 
Uceda. No comprendo!... 

Lerma. De tu padre es enemiga 

y que la conozcas quiero, 

porque es astuta. 
'>eda. Lo sé. 

(Aparecen por el fondo el Rey y varios Cor- 
tesanos.) 

-^Viene el Rev. 



— 54 — 

Lerma. Salgo á su encuentro. 

(Lerma se adelanta. Los Cortesanos se de- 
tienen al fondo hasta que el Rey los despide.) 

ESCENA XII. 

Dichos , el Rey. 

Rey. (.4 los Cortesanos.) 

Dejadme solo , señores, 

pues quiero agui descansar. 

(Los Cortesanos se retiran , y el Rey se sien- 
ta sin ver á Uceda ni á Lerma.) 

(Solo me complace estar 

porque pienso en mis amores.) 
Lerma. (Se adelanta.) 

Aunque gocéis de solaz, 

vengo sin vuestra licencia 

á hablaros. 
Rey. (Con disgusto.) No doy audiencia. 
Lerma. (Sorprendido.) Audiencia! 
Rey. Déjame en paz! 

Lerma. (Con soberbia ) (Me despide?) Ved, señor, 

que los negocios de Estado 

si son graves... 
Rey. (Con ironía.) Duque, has dado 

en verlos con tal amor, 

que dicen que eres el rey. 
Lerma. Hablillas del vulgo son. 

Tengo noble condición 

y á mi patria tengo ley. 

Contra la lengua villana 

del vulgo torpe no hay medio... 
Rey. Te engañas; hay un remedio 

que pondré en planta mañana. 
Lerma. (Sobrecogido.) (Mañana!) Señor... 

(Se oye dentro la música.) 
Rey. Q ué quieres? 

también me agrada bailar; 

déjame, Duque, probar 

una noche los placeres. 
Lerma. (Reprimiendo su ira.) 



- 55 — 

Bien, señor. 
Rey. Estoy cansado; 

mañana te llamaré 
y entonces me ocuparé 
de las cosas del Estado. 
— Yete, pues. 
Lerma. (Qué humillación! 

Y delante de mi hijo! 
El Rey «mañana» me dijo? 
Villalha tiene razón!) 

(Vá á salir; el Rey vuelve la cabeza y vé á 
Uceda; al llamarle, se detiene Lerma sor- 
prendido.) 
Rey. Uceda, estabas aqui? 
Acércate mas; contigo 
soy feliz; eres mi amigo. 
Uceda. (Se acerca y le dice en voz baja.) 

Don Luis de Villalba. 
Rey. (Como herido por una idea.) Si! 

■ — Lerma. 
Lerma. ( Vuelve agitado.) Me llamáis? 
Rey. Si: quiero 

que antes que despunte el alba 
marche Don Luis de Villalba 
de orden tuya al estranjero. 
(Lerma se estremece.) 
Mándalo á lejana tierra, 
en comisión, desterrado, 
como quieras. 
Lerma. Ha prestado 

servicios en nuestra guerra... 
Rey. No importa; será muy bueno, 
pero me estorba en Madrid. 
Lerma. Señor, el medio decid, 

pues no es posible... 
Rey. (Con cólera.) Lo ordeno. 

Lerma. Obedeceré una ley 

que es para mí soberana. 
(Saldrá de Madrid mañana 
si dejo de ser el rey!) 



— 5G — 
ESCENA X!H 

El Rev, Uceda. 



Rey. Fuerte estuve? 

Uceda. {Inclinándose.) Siempre grande! 

Rey. Cuando me empeño, soy duro! 

Y lo seré, te lo juro, 

con todo el que se desmande. 

— Yen acá, Uceda. 
Uceda. Señor. 

Rev. É Isabel? No me hablas de ella? 

La visle? estará muy bella? 

sigue pensando en mi amor? 
Uceda. En esta sala hace poco 

que con el aya la vi. 
Rey. Isabel se encuentra aqui? 

Uceda, corre!... Estoy loco! 

(Uceda va á salir y se detiene.) 

No, no! no vayas! espera! 

de tal modo el corazón 

late , que mi turbación 

anle el mundo me vendiera! 

Y quién sabe? Puede ser 
que tenga serenidad... 
Ye!... No! espara! A la verdad 
que me aturde esa mujer! 

— Oye : amaste alguna vez? 
Uceda. Quién no amó? 
Rey. Di : qué sentías? 

Cuando amabas , deponías 

tu cariño á tu altivez? 

Qué es lo que pasa por mí? 

Dímelo, Ucedr. , por Dios! 

Solos estamos los dos! 
Uceda. (Turbado.) Yo... 
Rey. Qué pasa aqui? y aqui? 

(Señalando al corazón y á la cabeza.) 

Hace un mes que me desvelo, 

un mes que perdí la calma; 



» - 57 - 

tengo un infierno en el alma 
y tengo en la mente un cielo! 
Llego el sueño á conciliar? 
Sueño con su imagen bella! 
Despierto! y en vano! es ella 
de mi sueño el despertar! 
El Estado , hasta mis hijos, 
todo , todo me da enojos! 
Dó quiera que van mis ojos 
encuentran los suyos fijos! 
Por Isabel vivo, si; 
mas también por ella muero; 
que espliques , Uceda , quiero 
qué es lo que pasa por mí. 
Uceda. (Sonriendo se.) Lo sabéis. Sin ser doctor 
me tomaré la licencia 
de decir que esa dolencia 
no es grave. 
Rey. Y se llama? 

Uceda. Amor. 

Rey. Esa dolencia se siente 

en el pecho? Y cuánto dura? 
Uceda. (Dudando.) Según. 
Rey, (Sonriéndose.) Y cómo se cura? 
Uceda. Se cura... muy fácilmente. 
Rey. Hay una tisana espresa?. . 
Uceda. Si. 

Rey. Pues la voy á probar. 

Uceda. (Se me olvidó preguntar 

el remedio á la iMarquesa.) 
Rey. (Con malicia.) Tu remedio será bueno; 
con gusto lo tomaré, 
aunque esa tisana , sé 
que me sirve de veneno. 
Uceda. De veneno? . 
Rey. Vé por él , 

porqué mi mal es Iraidor; 
si ha de matarme el amor, 
muera mirando á Isabel. 
Uceda. A buscarla corro. 
Bey. Si; 

seré fuerte á mi pesar. 



- 58- w 

Uceda. (Vencimos!) 

Rey. Vela á buscar, 

porque estoy fuera de mí! 
(Uceda se vi por el fondo. El Rey se le- 
vanta.) 

ESCENA X8V. 

Ei. Rey. 

Está en palacio? á mi lado? 
y la voy al punto á ver? 
Por qué. tiemblo? Esa mujer • 
mi razón ha trastornado! 
Si le prendó mi persona 
como hidalgo, me amará, 
pues hoy le deslumhrará 
el brillo de mi corona. 
Es tan grande mi pasión! 
— Alguien viene! es ella!... si... 
Voy á verla!... siento aqui!... 
(Se sujeta el corazón con las manos.) 
Ay! me ahoga el corazón! 
(Se deja caer en el sillón y permanece in- 
móvil. Salen, Uceda dando el brazo á la 
Marquesa, y Lemos á Doña Isabel ; detrás 
los cortesanos , Lerma y Villalba. Al verse 
estos dos se unen al fondo y observan. Uce- 
da se adelanta con la Marquesa, que se ar- 
rodilla á los pies del Rey.) 



Rey, Lerma, Uceda , Villai.ba, Doña Isabel, Mar- 
quesa , Lemos y los Cortesanos. 
» * 

Marq. A dar las gracias, señor, 
vengo á vuestra majestad. 

Rey. (Se leva7ita y dá la mano á la Marquesa.) 
(No es Isabel!) Levantad, 
Marquesa de Peñaílor. 

Marq. Mi sobrina... 



— 59 — 



Rel. 
Marq. 

Rev. 

VlLLAL. 

Lemos. 

ÜCEDA. 



Maro. 



Rey. 



Marq. y 

ÜCEDA. 

R E Y. 

Uceda. 
Rey. 

VlLLAE. 

Rey. 



Lerma. 



{Interrumpiéndola.) Diz que es bella 

y conocerla deseo. 

Tendrá ese honor. 

(Se dirige á Doña Isabel , que vacila ) 

(Mirando de reojo á las damas.) 

(No la veo.) 
(Santo Dios! si será ella!) 
(Se apoya en el bruzo de Uceda y le dice 
aparte.) 

El alma se te alboroza? 
(Ap. á Lemos y mirando á Lerma , que per- 
manece al fondo con aire sombrío y con los 
brazos cruzados.) 
Mi padre el golpe adivina. 
(La Marquesa trae de la mano á Doña Isa- 
bel, vacilante, y la hace arrodillarse de- 
lante del Rey , que no se atreve á mirarla.) 
Señor . ved á mi sobrina 
doña Isabel de Mendoza. 
(El Rey turbado se vuelve , la coge de la 
mano y la obliga á levantarse ; pero al po- 
nerse de pie Doña Isabel, vé su rostro y re- 
trocede espantado.) 
(Ella de rodillas!) Ab! 

(Al dar el grito hay un movimiento' general 
de sorpresa , y todos se acercan.) 
Esa no es doña Isabel! 

Señor! 

(Fuera de si.) (Mi mano cruel 
de lodos se vengará!) 
(Acercándose.) Señor... 
(Irritado.) Aparta de aqui! 

(Con dolor.) (Era Laura!) 

(Qué traición!) 
(Vuelve la cara, mira á todos enajenado, y 
al ver á Lerma se conmueve.) 
Lerma , ven! tu corazón 
nunca me engaña! 

(Lerma , radiante de júbilo , mira cond s- 
precio i la Marquesa y se acerca al Rey.) 
(Vencí!) 



. - co - 

(El Rexj se apoya en el brazo de herma, , y 

salen.) 
Vii.lal. (A Doña Isabel , que está abatida.) 

Dame el brazo , prima mia; 

yo tu honor defenderé! 
Marq. (Ap. á Uceda, con ira.) 

Qué es esto? 
Uceda. Yo no lo sé! 

Marq. Loco está? 
Uceda. Fácil seria! 

La venganza! 
Marq Esa me alienta! 

Valor! 
Lemos. (No entiendo este lio; 

pero me voy con mi tio, 

que es el sol que mas calienta.) 
§f| (Sale por el fondo. Los Cortesanos murmu- 
ran.) 



FIN DEL ACTO FRlMEP.i 



Antecámara de palacio; al fondo, galería con colum- 
nas ; puertas laterales con cortinas,; la de la iz- 
quierda dá á la cámara del Rey ; la de la derecha 
á lo interior del palacio. — Una mesa con recado de 

escribir. 



ESCENA PRIMERA. 

' Laura, Isabel. (Salen por la derecha.) 

Laura. Isabel, no tengas miedo; 

en la antecámara estamos, 

y cuando á salir empiecen 

(Señala á la puerta de la izquierda. 

por allí los cortesanos, 

ocultas tras la cortina 

(Señala á la de la derecha.) 

podemos ver muy despacio 

todas las caras. 
Isabel. Qué noche! 

Aun estoy, Laura, temblando! 
Laura. Encierra un misterio grande 

nuestra venida al palacio, 

y conviene á la honra tuya 



— 62 — 



ISABEL. 

Laura. 



Isabel. 



Laura. 
Isabel. 



Laura. 



Isabel. 
Laura. 

Isabel. 



Laura. 



Isabel. 
Laura. 



á cualquier costa aclararlo. 
Piensas que de este conflicto 
podra Montemar salvarnos? 
Si no mintió, valimiento 
tiene con el soberano. 
Cuando salga con la corte, 
le seguiremos los pasos 
para contarle el enredo; 
al reconocer el cambio 
de las personas, le pides 
su protección. 

Solo bailo 
un inconveniente, Laura, 
que sin duda lias olvidado. 
Cuál es? 

Montemar te quiere, 
y si al ver que le buscamos 
tu intención interpretara 
de otra manera... 

Es hidalgo 
y no revela su porte 
un pensamiento villano. 
Le correspondes? 
(Con amargura.) 

No sé... 
Honda impresión le has causado 
á juzgar por los conceptos 
que sus cartas encerraron. 
Por qué no volvió al castillo 
si es cierto que amaba tanto? 
No autoriza el parentesco 
el que fuese á visitarnos? 
Los hombres son caprichosos 
No, no! Los hombres son malos! 
Yen á una mujer: la miran 
con insolente descaro, 
y aquella fija mirada, 
como un penetrante rayo, 
en nuestro pecho despierta 
un calor vivo y cstraño 
que fecunda la semilla 
que la pasión ha sembrado. 



63 — 



Isabel. 



Laura. 

Isabel. 
Laura. 



Isabel. 
Laura. 



Isabel. 
Laura. 



Isabel. 
Laura. 



Isabel. 



Se asoma el fuego á los ojos, 
que son lus ojos incautos, 
y nos venden; ali! los hombres 
dejan el nombre anotado 
en el libro de su mente 
por si la encuentran al paso, 
y gozan con que ella sufra 
su persona recordando; 
son las víctimas, trofeos 
que conquistan nuevos lauros; 
vivo fuego es nuestra llama; 
es su fuego, fuego fatuo... 
Son, Isabel, no lo dudes, 
los hombres malos! muy malos! 
(Con malicia.) 
Amarga, Laura, es tu idea, 
y te exaltas... 

No me exalto. 
Porque á Monlemar estimas. 
(Con ironía.) 

Si: su recuerdo me es grato, 
mas si me quiere, muy pronto 
verás como el humo vano 
desvanecerse el cariño. 
Y por qué? 

iMe ha equivocado 
contigo; mas cuando sepa, 
pues ya no puedo callarlo', 
que yo no tengo familia, 
que soy un ser desgraciado, 
reconociendo su error, 
dejará de amarme. 

Acaso 
te engañes, Laura; quién sabe?. 
En el mundo vale tanto 
un nombre! para qué sirve 
el corazón? 

Me haces daño! 
Tienes razón! pobre hermana! 
qué dije? No rae hagas caso! 
deliro! 

Laura! alguien viene! 



— 64 — 

Laura. (Mira por la cortina de la izquierda.) 
Ya salen los cortesanos 
de la cámara del Rey. 
No tengas miedo. 

Isabel. (Trémula.) No: vamos. 

(Entran las dos por la derecha y observan 
con la cortina levantada, durante la escena 
siguiente. Vn ugier descorre la cortina de 
, la puerta de la derecha y empiezan á salir 
los Cortesanos. Lemos y los Cortesanos 1.° 
y 2.° se dirigen al proscenio.) 

ESCENA I!. 

Lemos, Cortesanos i .° y 2.° 

Cort. i. ° Lemos, decid lo que pasa. 
Cort. 2.° Si : nos tienen con cuidado 

las nubes que desde anoche 

amenazan al palacio. 
Cort. 1.° Mal cariz presenta el gesto 

de su majestad. 
Lemos. Me callo. 

Cort. í .? Callar vos? Será posible? 
Cort. 2.° Luego estáis bien enterado? 
Cort. 1.° Murmuremos! Es la nube... 
Lemos. Una nube de verano. 
Cort. L°A la cámara no vuelvo 

hasta que pase el chubasco. 
Cort. 2.° Dicen que el Rey no ha dormido 

esta noche. 
Cort. i. ° (Con ironía.) No es eslraño; 

un rey se desvela siempre. 
Cort. 2.° Algún negocio de Estado. 
Lemos. Haya caridad , señores, 

con nuestro buen soberano. ' 
Cort. L Una mujer le desvela? 
Lemos. Silencio! 
Cort. -i. Decidnos algo. 

Cort. 2.°E1 motivo?... 
Lemos. Hablar no puedo. 

Cort. 2.° No? 



— 65 — 

Cort. i.° Porqué? 

Lemos. (Sonriéndose.) Esloy conspirando. 

Cort. i.° Contra el Rey? 

Lemos. Tiempo perdido! 

El Rey se defiende acaso? 

— Es la escala del poder 

como una cucaña: un palo 

que tiene arriba un tesoro; 

pero está de sebo untado. 

Todo el mundo se encarama? 

Yo quiero trepar muy alto; 

otros suben en silencio, 

pero yo llego gritando. 

Lerma , arriba , se defiende 

y hace de las uñas garfios; 

Uceda sube y se afana 

y se destroza las manos, 

y otros muchos detras llegan 

que á Uceda van empujando: 

todos quieren el poder 

aunque digan lo contrario: 

pocos suben la cucaña, 

pero quién no la ha arañado? 
Cort. L°Y vos?... 
Lemos. No subo. 

Cort. 2.° Por qué? 

Lemos. Porque me estorban el paso. 
Cort. 1.° Y conspiráis? 
Lemos. Si ; yo espero 

por el pie cortar el palo; 

asi , dan todos en tierra 

aturdidos , magullados; 

lo pongo derecho entonces 

y me coloco en lo alto. 
Cort. 1.° Sabemos el plan. 
Lemos. Si; pero 

no sabéis cortar el palo. 
Cort. i." (Coge del brazo al 2.°) 

Es el demonio. 
Cort. 2.° Si sube, 

también lo echarán abajo. 

(Se retiran por el fondo.) 



66 — 



ESCENA US- 

Lemos. Después Uceda y la Marquesa. 



Lemos. 


Esto marcha viento en popa! 




Si gana Lerma , yo gano; 




si Uceda gana , también 




mi parte en el juego saco. 




Todo lo sé por Villalba 




y Lerma... Vamos jugando. 




(Al salir por la izquierda Uceda y la Mar- 




quesa, Laura é Isabel dejan caer la cortina 




y se retiran.) 


Marq. 


Qué es esto? Su majestad 




al verme se ha demudado. 


Uceda. 


Y la cólera su rostro 




encendió. 


Lemos. 


Duque , eres candido. 


Uceda. 


Por qué? 


Lemos. 


El carmín de su rostro 




mas era rubor que enfado. 




Enojarle el Rey? No , primo! 




No se atreve el Rey á tanto! 


Marq. 


(Con ira.) 




Estáis de humor! 


Lemos. 


Como siempre; 




con enojarme qué alcanzo? 


Marq. 


Dar al pecho un desahogo! 


Lejíos. 


Y pierdo el tiempo entre tanto? 




Cuando me propongo un medio,, 




adelante! no desmayo; 




si hay un escollo , lo quito. 


Uceda. 


Y cómo? 


L EMOS. 


A fuerza de brazos. 




— Si tienes hambre y no tienes 




qué comer, estás parado? 




El maná no llueve, primo, 




en estos tiempos profanos, 




y las ideas tampoco; 




lo que hace falta es buscarlos. 


Marq. 


Pero ó yo me vuelvo loca 



— 67 — 



Lemos. 

Marq. 

Lejíos. 

Marq. 

Uceda. 

Lejíos. 

Uceda. 



Lemcs. 
Uceda. 
Marq. 
Lemos. 

Uceda. 
Marq. 

Lemos. 



Marq. 
Uceda . 
Lemos. 



ó no tiene el juicio sano 
su majestad. 

Está cuerdo, 
y vos también. 

No ha negado 
que Isabel es mi sobrina? 
Y hace muy bien en negarlo. 
Vos también? 

Raya en locura! 
Raya en verdad. 

Habla claro. 
(Lemos observa la estancia , se coloca en- 
tre los dos y les dice con misterio.) 
Isabel no es Isabel. 
Bah! 
(Con disgusto.) Conde! 

Voy á esplicaros... 
Pronto! 

Decid! 

Ama el nombre; 
Isabel ha trasmigrado 
á distinto cuerpo y alma: 
por eso ama el soberano 
á doña Isabel Mendoza, 
no á vuestra sobrina ; el caso 
(Precipitadamente.) 
es muy sencillo; escucbad: 
de caza á los montes salgo; 
miro una liebre, le apunto 
certero , cá la liebre mato; 
el perdiguero la coge, 
luego aderezar la mando 
y á comerla voy gozoso; 
cuando la fuente destapo, 
es otra la pieza, y grito 
pues me dan por liebre gato. 
Basta ya de impertinencias! 
Lemos! 

(Se sienta.) Os ciega el enfado? 
No os dije que siempre estoy 
de humor alegre?— Marchaos. 
Yo solo conozco el cuento, 



— 68 — 

y no sabréis, si me callo, 

quién ha sido el cazador, 

quién la liebre y quién el gato. 
Marq. (Qué enredo! Y todo lo sabe!) 
Uceda. (Mas me confundo, y no alcanzo...) 

Aqui hay misterio. 
Lemos. {Sonriendo se.) No os dije 

que aqui hay gato encerrado? (Se levanta) 

El gato es doña Isabel; 

Laura es la liebre del cambio. 
Marq. Ah! si! es posible! 
Lemos. No; es cierto. 

Marq. Hablad. 

Mi cuento era exacto. 

Tomo las cosas en broma; 

pero siempre voy andando. 
Marq. (Impaciente.) 

Decidme... 
Uceda. Mi padre llega. 

Marq. (Cruza su brazo con el de Lemos.) 

Venid, Lemos; dadme el brazo. 
Uceda. (Hace lo mismo por el otro lado.) 

Descifrarás ese enigma. 
Lemos. (Con malicia.) 

Voy preso? 
Marq. y Uceda. (Sonriéndose.) No. 
Lemos. (Id.) Bien guardado? 

Marq. (Id.) Venid á acabar el cuento. 
Lemos. Os reis? 
Marq. y Uceda. (Con risa forzada.) 

Si. 
Lemos. (Riéndose muy fuerte.) Já, já! — Vamos. 

Entran los tres por la derecha y sale Ler> 

mapor la izquierda.) 

ESCENA m 

Lerma. 

Pasó la noche intranquilo 
el Rey, por una mujer : 
que me disputa el poder? 



— 69 — 

Tengo de la Irama el hilo. 
Siempre el cielo favorece 
la buena causa; el destino 
pone á Laura en mi camino 
y la venganza me ofrece. 
El Rey la llegó á querer; 
lo sé porVillalba todo, 
y hallé por acaso el modo 
de arrancarle esa mujer. 
Laura es hija de una mora? 
Hoy la espulsion firmará 
el Rey; él mismo echará 
de su lado á la que adora. 
Esta espulsion que anhelante 
pide el pueblo, es mi venganza! 
Yo no pierdo la privanza! 
' Ambición! eres jigante! 
Pesa mucho una corona! 
Los reyes débiles son! 
Lucharé! en su corazón 
cabe solo una persona! 
{Sale Villalba por el fondo, muy agitado.) 

ESCENA V. 

Lerma , Villalba. 

Villal. Duque, os buscaba! 
Lemra. Venid; 

estáis trémulo! 
Villal. Es furor! 

hecho pedazos mi honor 

corre por todo Madrid! 
Lerma. Vuestro honor? 
Villal. El honor mió 

no es el honor de Isabel? 

Hoy se está cebando en él 

con deleite el pueblo impio! 

Cuanta en palacio pasó 

toda la corte comenta, 

y algo en su desdoro aumenta... 



— 70 — 

Ah! vengarla debo yo! 
Lerma. Os vengareis; tened calma; 

si anheláis que no se tuerza 

el brazo , guardad la fuerza, 

y haced que no os venda el alma. 
Villal. Reprimir quiero el despecho! 

es tanto mi padecer!... 

Vos no podéis comprender 

lo que pasa por mi pecho! 
Lerma. La amáis? 
Villal. Yo... Duque!... 

Lerma. Respeto, 

Vilialba, vuestro dolor. 
Villal. No! sabed .. es que... mi amor... 

Ab! no puedo! es mi secreto! 
Lerma. (Le ofrece la mano.) 

Vilialba, contad conmigo; 

cuando os queráis consolar, 

venidme al punto á buscar 

y encontrareis un amigo. 
Villal. Oh! gracias! corresponder 

á vuestro afecto deseo. 

— A Laura ama el Rey? 
Lerma. Lo creo. 

Villal. Pues yo adoro á esa mujer! 
Lerma. Vos? 
Villal. Sí! — Ved si cuando pueda 

vengarme, me vengaré! 

Ved si rencor guardaré 

á la Peñaflor y á Uceda! 
Lerma. (Sorprendido.) A Uceda decis? No entiendo. 
Villal. Lerma , dije la verdad... 

No sabéis? 
Lerma. (Agitado.) No! 
Villal. Perdonad 

si con mi rencor le vendo. 

— Y queréis saber?... 
Lerma. Lo exijo! 

Villal. Él conspira contra vos; 

quiere el poder. 
Lerma. (Colérico.) Vive Dios! 

(Cambia de tono.) 



— 71 — 

Mienten! Uceda es mi hijo! 
Villal. (Sorprendido.) Nunca sospechasteis? 
LbbmÁ. No! 

ni sospechar ahora quiero! 
sospecho del mundo entero! 
Quién de su hijo sospechó? 
— Hay algunas pruebas? 
Villal. Si. 

Lerma. Crédito no les daria! 
{Con dolor acerbo.) 
Mi hijo es una cosa mia! 
Conspiro yo contra mí? 
Villal. Me callo; os quise avisar 
y causé vuestro tormento. 
Lerma. Hablad; con fuerzas me siento; 

ya no me podéis matar. 
Villal. Uceda aspira al poder, 
y alimenta su esperanza, 
para cumplir su venganza, 
la Marquesa. 
Lerma. (Con horror.) Qué mujer! 
Villal. Él llevó á su majestad 
á casa de la Marquesa; 
tanto como á vos me pesa, 
pero os digo la verdad. 
Conoceréis mi intención 
que nunca villana ha sido. 
Lerma. Villalba , me habéis herido 

en medio del corazón! 
Villal. Golpe terrible! 
Lerma. Tremendo! 

(Con desesperación.) 
Qué es morir! 
Villal. No padecer! 

Lerma. No lo podéis comprender, 

pues no sois padre! 
Villal. Os comprendo! 

Mi pecho está destrozado! 
Tiene un lenguaje elocuente 
el dolor , que solamente 
comprende el que es desgraciado . 
A los que padecen , Di os 



72 — 



Lerma. 

VlLLAL. 

Lerma. 



VlLLAL. 

Lrrma. 



los une siempre. 
Lerma. Es verdad! 

vos me comprendéis! 
Villai.. Llorad! 

solos estamos los dos! 

Puede ser que haga brotar 

el llanto vuestro mi llanto! 

Llorad, Duque! Sufro tanto! 

Yo necesito llorar! 

Están mis párpados rojos? 

Sí. 
Depongo mi altivez! 

(Se enjuga los ojos.) 

Esta es la primera vez 

que se humedecen mis ojos! 

Duque , lloráis por despecho! 

No! de dolor! lloro, si, 

porque me abraso!... Y creí 

que era de piedra mi pecho! 

El poder ! dura lección! 

cada dia mas se aprende, 

pues por él todo se vende! 

Eres mezquina, ambición! 

Pesadilla de mi sueño, 

por qué me dejas que mande, 

tú que soñando ser grande 

haces al hombre pequeño? 

El poder fué mi delirio; 

pero hoy mata mi grandeza, 

pues coloca en mi cabeza 

la corona del martirio. 

Luchaba por no perder 

3a privanza que adquirí, 

y á cualquier costa subí 

por la escala del poder. 

En mi ceguedad horrible 

el trono hubiera volcado; 

todo lo habré profanado! 

pero á mi padre? Imposible! 

(Se cubre el rostro con las manos.) 
Villai . Vuestro dolor es profundo! 
Lerma. Venga ! La privanza mia 



le doy ! -Me avergonzaría 
de que io supiera el mundo! 



YlLLAL. 


El mundo lo sabe! 


Lerka. 


No! 




Por qué no sabe matar 




el dolor!... Ay! renegar 




del hijo que se engendró! 


YlLLAL. 

Lerma. 


Se cumplirá su esperanza! 
Suba al poder!... 

Reparad 
que la Marquesa... 
(Se estremece.) Es verdad! 




Cúmplase, pues, mi venganza! 
Lucharé ! Tirana ley!... 


YlLLAL. 


— Esperadme. 

Volvéis? 


Lerma. 


Si. 


Yillal. 


Os aguardo fuera. 


Lerma. 


(Señala á la galería del fondo.) Alli. 




(Con carcasmo.) 




— Vamos á hablar con el Rey! 




(Lerma entra por la izquierda y Villalba 




se retira por el fondo. Laura y Doña Isa- 




bel levantan la cortina de la puerta de la 




derecha , examinan la estancia y salen.) 




ESCENA VI. 




Laura, Doña Isabel. 


Laura. 


Oiste á los cortesanos? 


Isabel. 


Murmuraban. 


Laura. 


Quién será 



la mujer que al Rey desvela? 
Isabel. Bien lo puedes sospechar 

por el suceso do anoche, 

Laura. 
Laura. Suceso fatal 

que no comprendo! 
Isabel. Y mi primo 

don Pedro de Mon temar? 

Es un hombre estraordinario; 



en la corte no estará? 

Laura. Corrimos á nuestra estancia 
sin ver á todos pasar 
cuando salió la Marquesa... 

Isabel. Algún ujier nos dirá 

donde mora; tengo un miedo! 
(Aparece por la galería Villalba , que está 
paseándose con los brazos cruzados y la ca- 
beza inclinada sobre el pecho.) 

Laura. Desecha , Isabel , tu afán. 

(Villalba fija la vista en ellas , se estremece 
y corre al proscenio ; las dos contienen un 
grito al reconocerle.) 

ESCENA Vil, 



Dichas, Villalba. 

Villal. Isabel aqui con Laura? 

Santo cielo! 
Isabel. (Se adelanta.) Escucha. 
Villal. Atrás! 

no des un paso , pues esa 

(Señalando á la izquierda.) 

es la cámara real. 

Vé que tu honra perdida 

detrás de esa puerta está! 
Laura. (Con dignidad.) 

Vé que buscando vinimos 

á don Pedro Monlemar! 
Villal. (Con ironía.) 

A Montemar?Me sorprende, 

Laura , tu serenidad! 
Laura. (Se estremece.) 

Qué encierran esas palabras? 

Es un misterio?... 
Villal. (Con desprecio.) Quizá. 
Isabel. Qué es lo que pasa, Dios mió? 
Villal. (Se acerca á Doña Isabel y la coge de la 

mano.) 

Ven. — No vuelvas á pisar 

este sitio, porque el mundo 



— 10 — 

te observa ; te quiere mal 

(Mirando con horrura Laura , queperma- 

nece inmóvil.) 

quien conociendo el peligro 

tales consejos te dá! 

(Entra con doña Isabel y vuelve á salir en 

seguida sin que Laura se haya movido.) 

ESCENA VIII. 

L ACRA , Vi LL ALBA. 



VlLLAL. 

Lauka. 

VlLLAL. 

Laura. 
Villal. 
Laura. 



VlLLAL. 

Laura. 



VlLLAL. 



Laura; 



Poco tengo que decirte; 
escucha... Inmóvil estás? 
(Mirándole como distraída.) 
Me hablabas? 

Si. — Tu conciencia, 
Laura... 
(Le interrumpe con un arranque de orgullo. 

No, mi dignidad! 
(Con dolor.) En poco estima su honra 
quien no la sabe guardar. 
(Muy agitada.) 

En poco!... qué estáis diciendo? 
Villalba, considerad 
que hacer ultraje á una dama 
es indigno de un galán! 
Cuando hay rencor contra ella, 
si una ofensa hay que v engar, 
con un golpe se la mata, 
pero insultarla? Jamás! 
(Con despecho.) Sufro por tu causa tanto! 
Sufrir tú; Será verdad? 
No, no, Luis! No me ofendiste! 
Mi razón turbada está! 
No! no pronunció tu labio 
un insulto! ten piedad 
de una mujer que padece! 
No te puedo perdonar! 
este amor queme avergüenza... 
(Dando un grito.) 
Tú! 



— 76 — 

Villal. Dios te perdonará! 
Haré el corazón pedazos 
si no te llego á olvidar! 

Laura. (Desesperada.) 

Qué es esto, oh Dios? 

Yillal. (Con sarcasmo.) Bien lo sabes! 

Fortuna en palacio harás! 

Laura. Yo!... estoy loca!... No me matas? 

Villal. (Con ironía.) El dolor te matará. 

(Sale precipitadamente; Laura quiere se- 
guirle, pero le vacilan las pienias.) 

ESCENA IX. 

Laura. 

Luis!... Qué es esto? Cómo puede 

una mujer soportar 

esta lucha?... Es imposible!... 

Yo muero!... Dios de bondad!... 

Y es Luis , Luis el que me ultraja?... 

«Fortuna en palacio harás!» 

Ay!... mi corazón se rompe!... (Vacilante.) 

Mi cabeza... Miro andar 

cuanto me cerca! .. Vacilo!... 

(Se apoya en un si'lon.) 

me faltan... las fuerzas!... Ah! 

(Da el giito y cae desmayada en el sillón, 

con la cabeza reclinada sobre el brazo dere- 

cho. ''Salen por la izquierda el Rey y herma, 

y se dirigen al proscenio, sin ver a Laura.) 

ESCENA X. 

Rey, Lerma, Laura. 

Rey. Muy abatido me siento; 

quiero un rato descansar 

en esta sala; á las Ires 

aqui á buscarme vendrás. (Se sienta.) 
Lerma. Hay negocios muy urgentes 

que os debiera consultar. 



— 77 — 



Rey. 



Lerma. 
Rey. 
Lerma. 
Rey. 

Lerma. 



Rey. 



Lerma. 
Rey. 



Lerma. 
Rey. 

Lerma. 
Rey. 

Lerma. 



La espulsion de los moriscos 
pide el Consejo, pues ya 
el peligro es inminente... 
(Con disgusto.) Bien; después meló dirás: 
vuelve. 

(Lerma saluda; al retirarse vé á Laura, se 
sorprende y se diriije al Rey.) 
Una mujer! 

Qué es eso? 
Mire vuestra majestad! 
(Se levanta.) 

Una mujer! Quién es, Duque? 
No sé; desmayada está. 
(Se acerca á Laura y le levanta la cabeza.) 
Y es bella! 

Que la socorran! 
Cómo aqui pudo llegar? 
( Se acerca á Laura, vé su cara, da un grito 
y detiene por el brazo á Lerma , que salía.) 
Ah! no te muevas! es ella! 
Quién es? 

Qué felicidad! 
Es ella! Duque, no llames, 
que se me puede escapar. 
(Es Laura!) 

Dios me la envia! 
Gracias! 

Su estado mirad... 
Lerma, vé; guarda las puertas; 
á nadie dejes pasar. 
(Desmayada? Yo sabré 
qué es esto.) Nadie entrará. 
(Se va por el fondo.) 



ESCENA Xf. 



Rey, Lai'ra (desmayada.) 

Rey. Es ella! es ella! y la juzgué perdida, 

perdiendo con su amor mi dulce calma! 
(La mira apasionado y le coge una mano. 
Vive! que eres la vida de mi vida! 



- 78 - 

vive! que eres el alma de mi alma! 
(Laura suspira ahogadamente.) 
Vuelve en sí! renacer su vida siento 
con el calor de mi amoroso aliento! 
Isabel! 
Laura. (Se incorpora con trabajo y mira espanta- 
da á su alrededor.) 
Dónde estoy? 
Rey. (Con ternura.) 

Dónde? á mi lado ! 
Mírame bien! Yo soy el que te tdora! 
Contémplame abrasado 
al rayo de tu luz que me enamora! 
Entre mis sueños te busqué anhelante 
y te llamaba al despertar amante! 

Laura. (Pasando las manos por sus ojos.) 
Quén es? 

Rey. Yo! 

Laura. (Mirándole fijamente.) 
Montemar. 
(Quiere Uvantarse haciendo un esfuerzo, y 
cae otra vez en el sillón.) 

Rey. Soy quien tú quieras! 

Qué te importa mi nombre? 
Apellido! blasón! vanas quimeras 
que por orgullo necio forja el hombre! 
Qué mas timbres mi amor puede ofrecerte 
teniendo un corazón para quererte? 
(Laura se levanta con trabajo apoyada en 
el brazo del Rey.) 

Laura. Montemar! Montemar! cierra tu labio! 
escucharte no puedo! 

Rey. Es pura mi pasión! te causa agravio? 

Laura. No, Montemar! pero me causa miedo. 

Rey. Miedo le causa, ingrata, 

mi pasión, un lormenlo que me mata? 
Espanto darme esta pasión debiera, 
pues hace un mes que con sus ansias lucho; 
del pecho la arrancara si pudiera; 
imposible!... estoy loco!... 
Temes acaso que te quiera poco? 

Laura. Temo al contrario que me quieras mucho! 



— 79 — 

Tu amor me inspira miedo 
porque á ese amor corresponder no puedo. 
Rey. (Fuera de si.) 

Otro amor?... No lo digas! Calla! calla! 
Ten lástima de mí! Saben los cielos 
cuanto mi pecho por tu amor batalla 
sin la espantosa luclia de los celos! 
Dame desprecios! véme indiferente! 
Quizá mi corazón te dé al olvido! 
No pongas á mis ojos, inclemente, 
la sombra de un rival aborrecido, 
pues tú no sabes hasta dónde alcanza 
el terrible poder de mi venganza! 
Laura. (Con dignidad.) 

Esa noble pasión me enorgullece; 
siento en el alma habérosla inspirado, 
que otro ser mas ilustre la merece; 
yo no soy Isabel: os he engañado. 
Rey. Y quién eres?... No temas que me asombre. 
Laura. Soy un ser desgraciado, 
sin familia , sin nombre, 
que ni el amor de madre ha conocido; 
invoco en mi plegaria reverente 
el nombre de una madre que he perdido: 
me abandonó inclemente, 
y la llamo! Mecida en pobre cuna 
nada puedo esperar de la fortuna! 
Rey. Cómo te llamas? 
Laura. Laura. 

Rey. (Con entusiasmo.) Laura mia! 
Laura. (Con horror.) 

No! jamás! 
Rey. Aunque fueras 

de condición villana , te amaría! 
Apellido! blasón! vanas quimeras! 
Qué mas timbres tu amor puede ofrecerme 
teniendo un corazón para quererme? 
— No te lo dije? 
Laura. Ved que es un delirio! 

Rey. Delirio es el amor! Nadie lo ignora! 
No aumentes mi martirio! 
Delira el alma cuando el pecho adora! 



- 80 — 

(Se oyen tres campanadas en un reló.) 

Laura. Dadme al olvido. 

Rey. No! Cómo se olvida? 

Es tu amor el aliento de mi vida! 
(Sale Lerma por el fondo y se detiene. A l 
verle, el Rey se estremece y se adelanta eno- 
jado.) 

ESCENA XII 

Dichos , Lerma. 

Rey. Quién es? No sabes cumplir 

mis órdenes? 
Lerma. (Inclinándose.) Perdonad; 

pero vuestra majestad 

mandóme á las tres venir. 
Laura. (Se estremece y retrocede espantada.) 

(Es el Rey!) 
Rey. (Conteniendo su ira.) Bien. (Vive Dios!) 

Duque, en mi cámara aguarda; 

te llamaré. 
Lerma. (El golpe tarda! 

uno estorba! somos dos!) 

(Saluda y entra por la izquierda. El Rey 

se dirige á Laura , que permanece aterra- 
da.) 

ESCENA XII!. 



Rey , Laura. 

Ret. Yo te engañaba también: 

pretendí, ocultando el nombre, 

que dieras , no al rey , al hombre, 

ó tu amor ó tu desden. 

Te quise al ver que eras menos; 

quiéreme al ver que soy mas. 

(Va á cogerle una mano , que ella retira con 

altanería.) 
Laura. Felipe tercero , atrás! 

Son vuestros vasallos buenos! 



— 81 — 

Rey. Me rechazas? Vive Dios!... 

Vé que soy el soberano! 
Laura. Ved que la suerte, no en vano 

puso un mundo entre los dos! 
Rey. Si mi corazón te adora, 

no nos iguala el amor? 
Laura. No! nos separa mi honor!... 

Todo lo comprendo ahora! 

El pueblo mal me ha juzgado! 

Mañana me acusaría!... 

Devolvedme la honra mia, 

pues vos me la habéis robado! 

De mi queja os nombro juez, 

y juzgadme con nobleza; 

mi virtud es mi riqueza! 

mis blasones, mi altivez! 

Una valla puso Dios 

que no saltaré. 
Rey. Yo si! 

Laura. No bajareis hasta mí, 

ni yo subiré hasta vos! 
Rey. Mi corona te pondré! 
Laura. (Con sarcasmo.) 

Sentara en mi frente mal! 
Rey. (Fuera de sí.) 

Pues bien! para ser tu igual 

mi corona arrojaré! 
Ladra". Vos lleváis en la cabeza 

una corona brillante? 

También yo luzco radiante 

mi corona de pureza! 

Mancharla baldón sería! 

La vuesira tiráis al suelo? 

Yo quiero subir al cielo 

llevando puesta la mia! 

Sabed que soy , pues no lucho 

con un pensamiento loco, 

apara esposa vuestra, poco; 

para dama vuestra, mucho, (i)» 
Rey. Mi corona pisaría 

(i) De La Estrella de Sevilla, de Lope de Vega. 

6 



— 82 — 

por tí! soy rey! 

Laura. (Con altivez.) Soy mujer! 
Me hacéis al fin comprender 
que es de mas precio !a mia! 

Ret. Porque no sientes la llama 

que está abrasando mi pecho! 
Vé que incitas el despecho 
de un monarca que le ama! 

Laura. Si un átomo de pasión 

indigna en mi pecho hubiera, 
para ennoblecerme hiciera 
pedazos mi corazón! 

Ret. Me provocas? Me amarás! 

Laura. Amaros? No me dais miedo! 

Rey. Soy el Rey! todo lo puedo! 

(Se adelanta fuera de sí y ella lo rechaza 
con energía.) 

Laura. Felipe tercero, atrás! 

(Entra por la derecha , mirándole cotí des- 
precio. El Rey se queda consternado. Pau- 
sa.) 

ESCENA XiV- 

El Ret. 

Y he de sufrir su desden? 

Venganza!... Vengarme ansio!... 

(Se acerca á la puerta de la izquierda.) 

Lerma acaso... — Lerma , ven! 

— Él discurrirá también! 

mi pensamiento no es mió! 

ESCENA XY- 

Rey, Lerma. 



Lerma. Señor. 

Rey. Ven. — Busca algún medio 

de calmar mi desvario; 

nada me ocurre; estoy loco 

y vengarme necesito! 



-83 — 



Lerma. 
Rey. 



Lerma. 

Rey. 

Lerma. 



Rey. 



Lerma. 



Rey. 



Lerma. 



Rey. 

Lerma. 
Rey. 
Lerma. 
Rey. 

Lerma. 



Vengaros? 

De todo el mundo! 
Medita, Lerma, un castigo, 
pero espantoso! y verás 
con cuánta saña le aplico! 
La cólera?... 

Tengo fiebre! 
(Dios me protege! ya esmioí) 
Me sorprende vuestro estado; 
considerad que no es digno 
de un rey tan grande entregarse 
á semejante estravio. 
Grandeza! horrible sarcasmo! 
de mi pequenez me admiro! 
Todo en el mundo es mentira! 
Corona, cuál es tu brillo? 
Un hombre soy como todos! 
Cetro, cuál es tu dominio 
si una mujer me desprecia 
y no mando ni en mí mismo? 
Mentira todo! mentira! 
(Se deja caer en un sillón, horiblemente agi- 
tado .) 

Respeto vuestro delirio; 
volved en vos: os reclaman 
el Estado y vuestros hijos. 
(Exasperado.) 

Qué me importan mis estados? 
Déjame, Duque, tranquilo, 
que mi corazón estalla 
de furor! 

Soy el ministro 
y debo calmar al pueblo 
que pide venganza á gritos. 
(Mirándole fijamente.) 
Venganza? 

Venganza pronta! 
(Con interés.) Habla! 

Contra los moriscos. 
Ha tiempo que me persiguen 
siempre diciendo lo mismo. 
Es una raza maldita 



— 84 — 

que pone á España en peligro 

de perecer á sus manos; 

somos pobres y ellos ricos; 

la ruina de nuestra hacienda 

es segura; el equilibrio 

restablecemos, si engorda 

con sus riquezas el fisco; 

no olvidéis que vuestro padre 

los trató como á enemigos, 

que los arrojó de España 

vuestro abuelo Carlos quinto. 

Una rebelión se anuncia 

y prevenir es preciso 

con una medida fuerte 

el mal. 
Rey. (Se levanta, poseído de un vértigo.) 
Eres adivino! 

Hoy necesita mi alma 

un calmante! los moriscos 

me lo proporcionan? Gracias! 
Lerma. (Saca un papel.) 

Traigo aqui, señor, escrito 

el parecer del Consejo. 
Rey. Y es su parecer? 
Lerma. El mió. 

Son traidores y conspiran; 

es inminente el peligro, 

y deben ser espulsados 

de todos vuestros dominios. 
Rey. Lo serán. — Y á cuánto asciende 

el número de individuos? 
Lerma. A un millón, según mi cuenta. 
Rey. Eso es lo que necesito! 

caiga mi cólera en ellos! 

(Coge la pluma.) 

Duque de Lerma , el edicto! 

(Lerma le entrega el papel y sigue con avi- 
dez el movimiento de la pluma del Rey, que 

firma.) 
Lerma. Tomad. — Once de setiembre. 

(Laura, eres mia! lo ha escrito 

el Rey! Que se pierda el mundo, 



— 85 — 

pues ya en la lucha he vencido!) 
Rey. (Le dá el papel.) 

Está en mi cámara el sello; 

vé por él . 
Lerma. Vuelvo á este sitio. 

(Entra por la izquierda.) 

ESCENA XVI- 

El Rey. Después Uceda. 

Rey. Ya comenzó mi venganza! 

Ay! coi) libertad respiro! 

Laura! por qué el alma mia 

no puede darte al olvido? 
Uceda. (Por la derecha.) 

(Su majestad!) 
Ret. Quién penetra 

sin mi venia en este sitio? 
Uceda. Soy el sumiller de corps; 

quise daros un aviso 

saludable... 
Rey. Dalo pronto. 

Uceda. Ocupado en el servicio 

de vuestra real persona, 

averiguar he querido 

el misterio que encerraba... 
Rey. (Con disgusto.) 

Lo sé todo ; mas solícito 

ser debieras. 
Uceda. (Con asombro.) Lo sabéis? 
Rey. Ño era Isabel , pues he visto 

á Laura. 
Uceda. Y estáis contento? 

Rey. (Con risa forzada.) 

Mucho!... Vé cómo me rio! 

— Quiero estar solo! 
Uceda. Al instante; 

pero debiera advertiros 

que una mano poderosa 

se opone á vuestros designios. 

(Saluda y i)á a retirarse] pero se detiene á 



86 - 



Rey. 



ÜCEDA. 

Rey. 

UCEDA. 

Rey. 

UCEDA. 

Rey. 

UCEDA. 

Rey. 

UCEDA. 

Rey. 

UCEDA. 



Rey. 



Uceda. 
Rey. 

Uceda. 

Rey. 

Uceda. 
Rey. 



Uceda. 

Rey. 

Uceda. 

Rey. 



la orden del Rey.) 
Espera ! quién es el hombre 
que con intento atrevido 
en mis negocios se mezcla? 
Es un terrible enemigo! 
No tendré piedad con él! 
Quién es? 

No puedo decirlo. 
(Con ira.) 
Te lo mando! 

Antes mi rey 
que mi padre! — Es el ministro! 
Lerma!... Todos son traidores! 
(Fingiendo turbarse.) 
Señor!... 

Sufrirá el castigo! 
Ocupa un puesto elevado... 
Le derribaré! 

(Vencimos!) 
Mirad , señor , que mi padre 
os ha prestado servicios 
muy grandes. 

(Con desden.) Todos los hombres 
son buenos para ministros! 
— Con Laura habló? 

Lo sospecho. 
Todos , todos son lo mismo! 
Ingratos! — Y ella me quiere? 
(Con 7nalicia.) 
A Montemar ha querido. 
Uceda , me das la vida! 
Señor... 

Hablar necesito 
con Laura , pues yo la adoro 
y muero sin su cariño! 
Veréis á Laura esta noche. 
Dónde? 

(Sonriéndose. ) En su estancia escondido 
estaréis. — Una aventura! 
Hasta la noche no vivo! 
Habíame de ella ! Asi el tiempo 
será corto! — Un sacrificio 



— 87 — 

liarás por tu rey. 

Uceda. Mandadme. 

Rey. Te nombro primer ministro. 

(El último verso lo oye herma , que salía de 
la cámara con el edicto en la mano , y se es- 
tremece.) 

ESCENA XVII. 

Dichos , Ler.ma. 

Uceda. Mi padre! 

Rey. [.legas á tiempo; 

ya mi sentencia lias oicloj 

fuiste traidor á tu rey? 

sufre el severo castigo! 

(Lerma se inclina trémulo.) 

■ — Ven. 

(Entra el Rey por la izquierda , y detrás 

Uceda con la cabeza baja. Lerma se ade- 
lanta agitado.) 
Lerma. A su padre derriba? 

(Mirando al cielo.) 

Fulmina contra el maldito 

un rayo... No! Santo Dios! 

perdónalo! es hijo mió! 

(Se deja caer en un sillón, cubriéndose el 

rostro con las manos.) 



FIN BEL ACTO SEGUNDO 



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ACTO TERCERO 



Salón cerrado; puerta al fondo; puertas laterales 
con cortinas: la de la derecha dá á la habitación 
de la Marquesa; la de la izquierda á la de Laura. 
En primer término, á Ja derecha, una mesa y 
dos sillones; en medio habrá colgada una lámpara 
encendida, que tendrá el teatro á media luz. 



ESCENA PRIMERA. 

Uceda, i. a Marquesa (sentados). 

Marq. Marcha bien nuestro proyecto; 
es segura la derrota 
de Lerma ; ya sois ministro, 
y es preciso á toda costa 
que firme el Rey esta noche 
vuestro despacho. 

Uceda. Señora, 

ved que nada conseguimos 
mientras que Laura se oponga 
á nuestro designio. 

Marq. Duque, 

si el Rey firma , nada importa, 
pues derribamos á Lerma, 
que Laura no corresponda 



— 59 — 

á su pasión. 
Uceda. Mal principio! 

mi privanza será corta; 
el Rey á mi padre estima, 
y si Laura le abandona, 
se echa de nuevo en sus brazos 
y nos perdemos. 
Marq. (Sonriéndose .) Os sobran 
fuerzas y luchar podéis; 
lleváis ventaja y no poca, 
pues luchar con un vencido 
no es una defensa heroica. 
Uceda. Está el Rey enamorado 

como un mozo. 
Marq. Eso os abona. 

Amor es un mal muy grave 
que los sentidos trasLorna; 
y pues sois el enfermero, 
aprovechad estas horas 
de fiebre; todo se pierde 
si el Rey la razón recobra. 
Uceda. Vendrá á las nueve conmigo. 
Marq. Debéis hacer que se esconda 
para que tenga misterio 
esta aventura amorosa: 
encuentra el amor encantos 
en el misterio y la sombra. 
Uceda. (Se levanta.) Voy en su busca; impaciente 

está aguardando la hora. 
Marq. (Id.) Los reyes, señor ministro, 
son escasos de memoria, 
y da muy poco su mano 
y ofrece mucho su boca; 
haced que traiga firmada 
la destitución : importa 
sobremanera. 
Uceda. Es segura. 

Marq. Cuando el alma se impresiona 
con una pasión violenta, 
tiene un recurso en sí propia: 
el resorte que la mueve 
son celos. 



— 90 — 

Uceda. Adiós, señora; 

con vuestro ingenio vencimos. 

Marq. Es vuestra toda la gloria. 

(Uceda se va por el fondo y la Marquesa le 
sigue con la vista, sonriéndose irónica- 
mente.) 

ESCENA II. 

Marquesa. 

Es tuya la gloria? imbécil! 
No, Duque! no es tuya toda, 
que á no ser por mi talento 
no alcanzaras la victoria. 
Veré derribado á Lerma? 
Ab! sude placer rebosa 
el alma! Vengue mi agravio 
y después nada me importa! 
i Mira por la cortina de la izquierda.) 
— Quién viene? — Isabel y Laura. 
Conviene dejarlas solas. 
(Entra por la derecha, y salen por la iz- 
quierda Laura y Doña Isabel.) 

ESCENA III. 

Laura, Isabel. 



Laura. 



Isabel. 
Laura. 
Isabel. 

Laura. 



Te empeñas en ocultar 

la causa de tu inquietud? 

Mi tierna solicitud " 

no te llega á interesar? 

(Con disgusto.) No me puedes comprender, 

Que no te comprendo? 

No, 
porque eres diebosa. 
(Con ira simulada.) Yo?... 
Siempre Haca la mujer! 
Diebosa?... Tú eres querida, 
respetada, y yo... Yo diera, 
Isabel , mi vida entera 



— 91 — 

por una hora de tu vida. 
Isabel. Ay! lloré esta noche tanto! 
Laura. (Con sarcasmo.) Pues si tú lloras asi, 

ay! qué dejas para mí? 

Mi vida es eterno llanto! 

Por la senda que caminas 

hallas riquezas y honores; 

es tu corona de flores! 

y mi corona de espinas! 
Isabel. Sufro mucho! 
Laura. Sufres? 

Isabel. Sí. 

Laura. (Con ternura.) 

Si algo valen mis consuelos, 

habla, hermana! 
Isabel. Tengo celos! 

Laura. Celos tú? 
Isabel. Celos de tí! 

Laura. (Se estremece.) 

Deliras! 
Isabel. Deliro? — No! 

Está Luis triste, agitado: 

tú su dolor has causado, 

pues tu nombre pronunció. 
Laura. Mi nombre! 
Isabel. Volver la calma 

á su razón pretendía, 

pero no me comprendía! 

y le amo con toda el alma! 

Luis te quiere! su pasión 

adivinó el pecho mió; 

Laura, mas que su desvio 

me lo dice el corazón! 

(Llora.) 

Ya lo ves! mi amargo llanto 

quise en vano contener! 

Te tengo que aborrecer! 

Yo!... yo que te amaba tanto! 
Laura. (Fuera de si.) 

Aborrecerme? Imposible! 

Isabel, sella tu labio, 

pues no merezco esc agravio! 



— 92 — 

Isabel. Ah! mi dolor es horrible! 
Laura. Te engañas! 
Isabel. (Con desvario.) 

Nada le inspira? 
Le quieres? —Dime que no! 
Dilo! nunca se manchó 
tu labio con la mentira!... 
Callas?... Ay! me causa miedo 
tu silencio!... Eres cruel! 
Por qué callas! 
Laura. (Turbada.) Isabel, 

porque engañarte no puedo. 
Isabel. (Con horror.) 

Ah! le quieres? 
Laura. (Con un arranque.) Con pasión! 
Isabel. Infeliz! 

(Se cubre el rostro con las manos ) 
Laura. (Se acerca á ella con lémur a.) 

Hermana mia! 
Isabel. (La rechaza con despecho.) 
Atrás, Laura! — No podia 
engañarme el corazón! 
Laura. Alzo la frente... 
Isabel. Venganza! 

Laura. De mí pretendes vengarte? 
Celos no debe inspirarle 
un amor sin esperanza. 
(Señalando al pecho.) 
Mi cariño vive aqui 
y aqui morirá encerrado. 
Isabel. (Con ira.) 

Lo sabe! 
Laura. (Con dignidad.) Me has ultrajado! 
(Cambia de tono.) 
No! ten lástima de mí! 
Isabel. Me comprendes? Él te ama 

y tú, Laura... Esto es cruel!... 
Laura. No! nunca verá, Isabel, 
un destello de mi llama! 
Isabel. (Con sarcasmo.) 

Y cómo harás? Encubrir 
tu amor en el pecho quieres? 



— 9°, — 





Es imposible! 


Laura. 


Hay mujeres 




que nacen para sufrir! 


Isabel. 


Si le adoras como yo 




no podrás. 


Laura. 


Por qué? 


Isabel. 


Presumo 




que siempre delata el humo 




donde hay fuego. 


Laura. 


Siempre no! 




Oculta el volcan horrible 




su lava dentro la tierra? 




El alma su lava encierra 




estando el rostro apacible. 


Isabel. 


En vano pretendería [Con ira.) 




que el rostro afectase calma. 


Laura. 


Porque no tienes un alma (Con calor 




tan grande como la mia! 




Naciste para gozar 




y no sabes padecer; 




tú dichosa debes ser! 




yo nací para penar! 




No intentes romper los lazos 




que nos unen!... Ven aqui! 




(Abre los brazos.) 




Ño tengas celos de mí! 




Ven á estrecharme en tus brazos! 


Isabel. 


Le olvidarás?. 


Laura. 


Puede ser. 


Isabel. 


Y tu desden?... 


Laura. 


Lo prometo. 


Isabel. 


Tu amor... 


Laura. 


Morirá en secreto. 


Isabel. 


(Abrazándola con efusión.) 




Laura! tú no eres mujer! 


Laura. 


Lloraré , Isabel, por tí. 


Isabel. 


Valor tendrás? 


Laura. 


Lo tendré: 




por mi madre juraré, 




aunque no la conocí: 




es un ídolo que el hombre 




con su labio no profana? 



- 94 — 

Pues bien : te lo juro , hermana, 
por ese sagrado nombre ! 
(Vuelven á abrazarse tiernamente. Lemos 
sale por el fondo y se detiene sorprendido: 
después que Laura y Doña Isabel se aperci- 
ben de su llegada se dirige á la primera.) 

ESCENA IV. 

Laura , Isabel , Lemos. 

Lemos. Perdonad si me presento 

sin orden en esla sala, 

pero hablaros necesito; 

una comisión me encarga 

mi tio el Duque de Lerma... 
Laura. El Duque de Lerma os manda (Sorprendida.) 

á visitarme? No entiendo... 
Lemos. Un asunto de importancia... 
Laura. Decid, Conde. 
Lemos. Hablar quisiera 

sin testigos. 
Laura. (Señalando á Isabel.) Es mi hermana: 

sabe todos mis secretos. 
Lemos. Pero... 
Laura. Hablad. 

Isabel. Te dejo , Laura. 

Laura. No. 

Isabel. Descansar necesito. 

Laura. Ve, pues. 
Isabel. Te aguardo en mi estancia. 

(Laura acompaña á Doña Isabel hasta la 

puerta de la derecha y vuelve en seguida al 

proscenio.) 

ESCENA V- 



Laura , Lemos. 

Lemos. (El Rey es hombre de gusto; 
á fé que es gentil la dama!) 
Laura. (El ministro quiere bablarme? 



— 95 — 

Algún golpe me prepara!) 

— Solos estaraos. (Se sientan.) 
Lemos. Mi tio 

os aprecia. 
Laura. (Con rebelo.) Muchas gracias. 

— Decidme pronto el objeto 

de vuestra visita. 
Lemos. Laura, 

tiene que haceros el Duque, 

á juzgar por sus palabras, 

alguna revelación 

que debe ser de importancia. 
Laura. Acaso intenta el ministro 

desterrarme de mi patria? 
Lemos. Mal le conocéis! 
Laura. Entonces, 

le conoce mal la fama. 
Lemos. Quién lo duda? A los ministros 

nunca el pueblo Jos retrata 

como son ; se elevan tanto 

que no se les vé la cara. 
Laura. Y qué pretende de mí? 
Lemos. A suplicaros me manda 

que le otorguéis esta noche 

una entrevista. 
Laura. Me estraña 

la petición; sin embargo 

decidle que sin tardanza 

venga. 
Lemos. Gran honor recibe; 

cuando salga de la cámara 

de su majestad, diréle 

que aguardáis en esta sala 

su visita. (Se levantan.) 
Laura. Salud, Conde; 

está esperando mi hermana. 

(Qué es esto, oh Dios? Dadme fuerza? 

para sufrir mis desgracias!) 



— 96 



ESCENA VI. 

Lemos. 

La favorita del Rey? 

Siempre dominan las damas! 

nacemos para mandar 

y son ellas las que mandan. 

Ellas siempre! son muy fuertes! 

pero débiles se llaman... 

El Rey no tiene la culpa, 

pues si yo fuera monarca, 

tal afición les profeso, 

que estoy cierto me llamaban 

los vasallos «el tirano,» 

y «el rey galán» las vasallas. 

Mas no perdamos el tiempo, 

que el Duque de Lerma aguarda, 

y aunque boy está derribado 

se levantará mañana: 

el poder es un Calvario 

y Cirineos no faltan. 

Si Uceda sube, al instante 

me cumplirá su palabra: 

presidente del consejo 

de las Indias? — Buena plaza!- 

— Adelante el pié, que al cabo 

trepando voy por la escala. 

(Va á salir por el fondo , pero en el umbral 

de la puerta, lo detiene Uceda.) 

ESCENA VSK 



UCEDA , LEMOS. 

Uceda. Espera. 

Lemos. (Mirando fuera.) Un hombre encubierto! 

Uceda. Silencio! no viste nada! 

Lemos. (Con misterio.) Como gustes; me parece 

que reconozco esa capa. 
Uceda. Sal sin ver. 



- 97 — 

Lemos. Soy ciego. 

Uceda. Y mudo. 

Lemos. Buenas prendas me regalas. 

(Se va y Uceda examina la sala.) 

ESCENA VIII. 



Uceda. DespuesjEL Rey. 

Uceda. Nos protog s la fortuna 

pues no hay nadie en esta sala; 
aprovecharé el momento: 
la ocasión la pintan calva. 
(Se acerca á la puerta del fondo.) 
— Entrad sin recelo. 

(Entra el Rey encubierto , examina la ha- 
bitación y se desemboza.) 
Rey. Duque, 

yo no sé lo que me pasa; 
á medida que trascurren 
las horas , mi confianza 
disminuye y va creciendo 
la agitación de mi alma; 
qué filtro májico tiene 
esa mujer , que ma abrasa, 
que trastorna mis sentidos 
y que en su busca me arrastra 

con poder irresistible? 
Luchar intento y me faltan 

las fuerzas ; si esto es amar, 

desdichado del que ama! 
Uceda. Esta noche la veréis, 

señor; aquella es su estancia. 

(Señala á la de la izquierda .) 
Rey. Verla! Tú no sabes, Duque, 

cuánto sufrí esta mañana! 

mas me valiera no verla, 

pues si con desdenes paga 

este amor que no comprende, 

por darme la muerte acaba! 
Uceda. Me asustan vuestras razones! 

Sed fuerte! Sois el monarca! 



— 98 — 

Retí. (Con ira.) Quién amando se defiende?.. 

Nunca amaste! Calla! calla! 
Uceda. (Procurando sonreírse.) 

Seréis feliz esta noche. 
Rey. Ah! me alientan tus palabras! 

de honores te colmaría! 

Si me corresponde Laura, 

envidiarán tu fortuna 

todos los grandes de España! 
Uceda. Me honráis! para ser dichoso 

con vuestro aprecio me basta. 
Rey. (Con entusiasmo.) 

Mi trono por ella, Duque! 

nada sin ella me halaga! 

Me enseña á querer! le debo 

una vida de esperanzas, 

de ilusiones lisonjeras! 

El porvenir me embriaga! 

estoy demente! qué vale 

la corona de un monarca 

para ceñirla á las sienes 

de la mujer que se ama? 

Necesito todo un mundo 

para ponerlo á sus plantas, 

y otro sol .corno el del cielo 

quiero para coronarla! 
Uceda; Mucho la amáis! 
Rey. Con locura! 

Uceda. Pronto haré que venga Laura; 

estad escondido vos... 
Rey. En dónde? 

Uceda. En su propia estancia. 

Rey. (Sonrióndose.) Id al momento por ella, 

primer ministro de España. 
Uceda. (Inclinándose.) Persistís? 
Rey. (Sacando un pliego.) Vé tu despacho . 
Uceda. (Ah! cuál se agita mi alma!) 

(El Rey vuelve á guardar el papel. Uceda 

entra por la derecha.) 



— 99 — 
ESCENA !X. 

El Rey. 

Vendrá? la veré? Dios mió, 

si esa mujer me rechaza, 

dame valor, pues conozco 

que ya las fuerzas me faltan 

para sufrir... Siento pasos; 

alguien llega... Será Laura? 

(Se emboza y entra por la izquierda; al 

mismo tiempo sale Villalba por el fondo, 

muy abatido) 

ESCENA X. 

Villalba. 

El Rey anoche dispuso 
que Lerma me desterrara; 
luego derribó al ministro, 
nombrando á Uceda en su plaza... 
Es inmensa la pasión 
que encendió en su pecho Laura; 
pero á no engañarme Lerma, 
le despreció esta mañana. 
Y la ultrajé! No es estraño; 
el cariño ciega el alma! 
Si: confesaré mi culpa 
y perdonará la falta, 
pues olvida fácilmente 
los agravios el que ama. 
(Aparece Laura por la derecha.) 
— Es ella! Al verla tan pura, 
cómo pude mancillarla? 
[Laura al ver á Villalba, se estremece y se 
adelanta trémula hacia él, que sale á su 
encuentro.) 



— 100 — 



ESCENA XI, 

Laura, Villalba, el Rey, escond ido. 



Laura. 



Villal. 



Laura. 



Villal. 



Laura. 
Villal. 



Laura. 



Luis! eres lú! (Corazón, 
por qué te agitas?) 

(No tengo 
bastante resignación?) 
Yo soy, Laura; yo, que vengo 
para implorar tu perdón. 
(Le mira fijamente.) 
Mi perdón? 

Si: te ultrajé; 
pero bien saben los cielos 
cuanto mi falta lloré; 
perdona , Laura ! de qué 
no son capaces los celos? 
Celos tú? 

Lloró perdida 
la ilusión mi pensamiento, 
porque fué mortal la herida; 
hace ya un mes que mi vida 
es un continuo tormento! 
Quién esplica lo que siente? 
Gozo al encontrarte pura, 
cual te conocí ; inocente, 
como te soñó mi mente 
en sus sueños de ventura. 
(Laura le escucha enajenada.) 
Recuerdas aquellos dias 
de nuestra infancia, serenos, 
de tan dulces alegrías? 
Te buscaba , me veias, 
viviendo al dolor ajenos. 
(Laura, estasiada, se deja caer en una si- 
lla , y Villalba se sienta á su lado, contem- 
plándola con entusiasmo. La cortina de la 
puerta de la izquierda se levanta y asoma 
el rostro del Rey, que escucha agitado.) 
Recuerdas el cenador 
en el jardín del castillo? 



— 101 — 

Villal. Cada mañana mi amor 

colocaba alli una flor 

en tu peinado sencillo. 
Laura. Por qué la vida se acaba 

sin volver aquellos dias? 
Villal. No te dije que te amaba; 

para qué necesitaba 

decir lo que tú sabias? 

Aspiré á que fueras mia; 

para ser digno de tí 

con noble ambición crecía; 

ser grande , Laura , queria 

y tras la gloria corrí. 

Cuando ardiente peleaba, 

cuando un laurel la victoria 

en mi frente colocaba, 

en tu rostro reflejaba 

el resplandor de mi gloria. 
L aura . (Con desvario.) 

Era mió tu laurel? 
Villal. (Le coge una mano con ternvra.) 

Juré vivir para tí! 

Sufra Isabel!... 

(El Rey al ver que Villalba le coge la mano 

sale y va á precipitarse sobre los dos, pero 

se detiene al levantarse Laura fuera de si y 

como herida por un rayo al oir el nombre 

de Doña Isabel.) 
Laura. Isabel!... 

Estaba soñando! si!... 

Y me despiertas, cruel? 
Villal. (Se levanta.) 

No sueñas! 
Laura. Mi despertar 

es horrible! Poco dura 

el placer! mucho el pesar! 

Ay! es tan dulce soñar 

para un alma sin ventura! 
Villal. Cobra, Laura, tu razón 

y no aumentes mi martirio; 

no es un sueño mi pasión! 
Laura. (Calla , pobre corazón!) 



— 102 — 

Ese amores un delirio! 
Yillal. Delirio el tuyo seria! 

(Con desesperación.) 

Pof qué me rechazas? Di!... 

Sin tu amor no viviría! 
Laura. (Dame fuerzas, madre mia, 

que lo he jurado por tí!) 
Yillal. (Con despecho.) 

Yo no acierto á comprender... 

Gozas viéndome sufrir!... 
Laura. Olvida... 

Vili.al. (Fuera de sí.) No puede ser! 
Laura. (Por qué jura la mujer 

lo que no puede cumplir?) 
Yillal. Laura, tu mente delira! 

La causa de ese desvio 

saber pretendo... Te inspira 

otra pasión? 
Laura. (Luchando consigo misma, se decide.) 
Si! (Dios mió! 

perdóname esta mentira! 
Yillal. (Exasperado.) 

Ah! me engañabas, infiel, 

dando tu amor á otro hombre?... 

Acaso el Rey... Quién es él? 

— Celos, lenedme! — Su nombre! 
Lacra. (Qué martirio tan cruel!) 

(Trémula.) 

Amo... al Rey. 
Yillal. (Con desprecio.) Indigno amor! 

(El Rey se estremece y contiene uti grito; Yi- 

II alba se vuelve fuera de sí, saca la espada 

y se dirige al Rey.) 

Cielos! un hombre! — Reñid! 

Fuera el embozo! 
Rey. (Se desemboza y empufia la espada.) Venid . 
Yillal. (Retrocede.) El Rey! 
Laura. (Dá un grito.) E¡ Rey! Ah! 

(Se cubre el rostro con las manos.) 
Yillal. (Qué horror! 

Perdona, Isabel!) 
Rey. (Con imperio.) Salid. 



- 103 - 

(Entra Villalba por la derecha, y el Rey se 
adelanta hacia Laura.) 



ESCENA XIS- 

Rey , Laura. 

Rey. Mi Laura! 

Lacra. ( Vuelve en si, mira al Rey con fiereza y le 

señala la puerta del fondo.) 
Salid también! 
Rey. (Sorprendido.) 

Que salga pretendes? 
Laura. Si; 

pues vos no mandáis aqui. 
Rey. No comprendo tu desden. 
Laura. Comprended mi desventura; 

mas no esperéis que el rubor 

liña mi rostro , señor; 

tengo la conciencia pura. 
Rey. Por qué con tenaz empeño 

me quieres atormentar? 

Y por qué quieres robar 

al alma mia un ensueño? 

Yo no sé io que sentí! 

Y tanta felicidad 

pudiera no ser verdad? 

Tú lo dijiste! 
Laura. Mentí! 

Rey. No! cerca de tí me bailaba 

cuando tan feliz me bacias; 

No mentiste, no! creías 

que solo Dios te escuchaba. 
Laura. Si os cerré mi corazón 

no os pertenece el secreto; 

por vuestro propio respeto 

no confeséis la traición. 
Ley. (Con deleite.) 

Nada me puede importar; 

sé que tu pecho me quiere. 
Laura. Mientras yo no os lo dijere 

vos lo debéis ignorar. 



— 104 — 

Qué me importa tu desvio?... 
Laura. Salid! 
Rey. Soy el soberano! 

Pretendes que salga en vano! 

Cuanto hay en Castilla es mió! 
Launa. Mi honra no, que es solo mia! 

Vos soberano os llamáis? 

tan descompuesto os halláis 

que nadie os conocerá! 

La razón os abandona, 

y es prudente que os advierta 

que habéis dejado á la puerta 

olvidada la corona. 

Idla, señor, á buscar; 

llevadla siempre ceñida, 

que el rey que de ella se olvida 

es indigno de reinar. 

(Salen por el fondo herma y Levaos, que se 

detienen sorprendidos: aquel hace una seña 

á este, que se retira. 

ESCENA XIS1. 



Rey. 
Lerma. 
Rey. 
Lerma. 



Rey. 

Lerma. 



Rey. 
Lerma. 



El Rey, Laura, Lerma. 
(Despechado.) Aqui el ministro? 



Qué buscas? 

Vengo detrás; 
porque no olvidé jamás 
que seguiros es mi ley. 
Duque! 

Si otros me imitaran 
hubiera menos errores; 
los reyes fueran mejores 
si bien los aconsejaran. 
(Qué vergüenza!) 

La ambición 
es aqui el móvil de todos- 
cada cual de varios modos 
fragua una conspiración. 
Y conspiran sin medir 



Aqui el Rey? 



— 105 — 

sus fuerzas ni su valer; 

es una escala el poder; 

lo que quieren es subir. 

Obran con atrevimiento 

para obtener vuestra gracia; 

muchos suben con audacia, 

pero pocos con talento. 
Rey. Tan soñado es el poder? 
Lerma. Para conseguir el puesto 

es bueno cualquier pretesto; 

(Mirando fijamente á Laura.) 

por ejemplo, una mujer. 
Laura. Duque! 
Rey. Lerma! 

Lekma. Se apasiona 

el Rey si la dama es bella; 

le roba el alma, y por ella 

tira el cetro y la corona. 
Rey. Pruebas! 
Lerma. Siempre hay ocasión 

en un monte , de perder 

al monarca y de tener 

preparado un pabellón. 

Aunque el Rey llega cansado 

encuentra sola una dama; 

prende el amor en su llama 

y vence el plan combinado. 
Rey. Un nombre dame! 
Lerma. El deslino 

algo el proyecto cambió; 

por Isabel colocó 

á Laura en vuestro camino. 

(Laura se estremece.) 
Rey. Habla , Duque! me interesa 

castigar ai que del Rey 

se burló. 
Lerma. Caiga la ley, 

señor, sobre la Marquesa. 
Rey. Ella también! La ambición?... 
Lerma. No ; vengarse pretendía. 
Rey. Duque, íirmada traia 

aqui tu destitución, 



— 103 — 

(Saca el pliego y lo rompe con cólera.) 
Lerma.. (Inclinándose.) Señor... 
Rey. Mi debilidad 

fué causa... Llamadla. 
Lerma. Si. 

(Se dirige á la puerta del jondo , hace una 

seña, sale Lentos, y le dice aparte.) 

■ — Que vengan todos aqui; 

los llama su majestad. 

(Entra Lentos por la derecha.) 
Rey. Laura, observa por mi estado 

qué inmensa dicha es reinar; 

tú me sabrás consolar.. . 
Lerma. (Se interpone entre ambos.) 

No; vos la habéis desterrado. 
Rey. Cómo!... Tu labio profana, 

Duque , mi noble pasión. 
Lerma. (Con dignidad.) No firmasteis la espulsion 

de los moros? 
Laura. (Con horror.) Soy cristiana! 
Lerma. Conocéis á vuestro padre? 
Laura. (Agitada.) No, mi nacimiento ignora 

el mundo. 
Lerma. Laura, una mora 

de Valencia es vuestra madre. 
Laura. (Fuera de si.) Mi madre? no pu^dc ser! 

Vive? 
Lerma. Si. 

Laurat Mi madre! Hablad! 

Pronto! el misterio esplicad, 

porque me mata el placer! 
Lerma. A otro suelo desterrada 

partirá. 
Laura. En tu compañía 

iré , madre! Madre mia! 

Como tu hija desgraciada! 
Rey. No! revocaré esa ley 

que es tiránica y terrible! 
Lerma. Revocarla? es imposible! 
Rey. Imposible? Soy el Rey! 
Laura. (Ap. al Rey.) La razón os abandona! 

Estáis, señor, delirando! 



- 107 — 

La Europa os está mirando! 
Rey. De qué me sirves, corona! 

(Dirigiéndose á Laura.) 

— Tú comprendes mi dolar; 

si lu cariño es verdad, 

todo lo podré! 
Ladra. (Con desden.) Callad! 

qué me importa vuestro amor? 

(A Lerma.) 

— Vos , vos también, que sois padre 

mi dicha comprendereis; 

si hacerme feliz queréis, 

hablad, hablad de mi madre! 

Madre ! no sabéis los dos 

la dicha que el nombre encierra! 

Es una madre en la tierra 

la viva imagen de Dios! 

Dios cariñoso nos mira, 

y una madre con su manto 

nos cobija! nombre santo! 

Solo su amor no es mentira! 

Vida pasé de amargura, 

de dolor, de acerbo llanto? 

Tengo una madre? Dios santo, 

hoy me pagas con usura! 

(Salen todos por la derecha; Lerma se ade- 
lanta. El Rey se ha sentado en un sillón y 

permanece abatido é indiferente ) 

ESCENA UlTSFiBA. 

Dichos, Villalba, Isabel, Marquesa, Uceda y Lemos. 

Lerma. Marquesa de Peñaílor, 
iréis á lejana tierra 
de orden del Rey. 

Maro. (Retrocede espantada.) 

Me destierra? 

Lerma. No es mucho para un traidor. 

(La Marquesa se cubre con las manos el ros- 
tro contraído de cólera. Lerma coge á Uce- 
da de la mano, lo trae al proscenio y le di- 
ce aparte.) 



— 108 — 

Me aconseja la esperiencia 
que no te imponga castigo; 
llevarás siempre contigo 
el peso de tu conciencia! 
Lemos. (Venció Lerma? Yo vencí; 

era infalible mi plan.) 
Laura. (Ella y Luis? Juntos? Serán 
dichosos: lo quiero! Si!) 
(Se dirige al Rey, que permanecía abatido 
en el sillón, y le dice aparte.) 
Os están viendo, señor! 
La frente altiva elevad! 
Sed Rey! 
Rey. (Mirándola fijamente.) 

No, Laura. 
Laura. Callad! 

Hacedlo... por vuestro amor! 
Rey. (Se levanta agitado.) 

Si, si, debo complacerte; 
no invocas mi amor en vano! 
siento vigor en mi mano 
y el corazón siento fuerte. 
Fui débil; tendré entereza 
llevándote en la memoria, 
y asi al juzgarme la historia 
no acusará mi flaqueza. 
Laura. (Se dirige á Villalba y á dona Isabel.) 

Villalba, Isabel, adiós. 
Isabel. Nos dejas, hermana? 
Laura. Si. 

(Presenta la mano á Villalba.) 

Dame tu mano. 

(Villalba se estremece y sin mirarla le tiende 

la mano; al cogerla, Laura hace un esfuerzo 

para no caer al suelo.) 

(Ay de mí!) 
Sed muy felices los dos! 
Isabel. (Ap. á Laura.) 

Gracias! 
Laura. (Estrecha con efusión las manos de Isabel 
y se dirige al Rey.) 
Adiós! 



— 109 — 

Ret. (Muy agitado.) (Suerte impia!) 
Hágate dichosa el cielo! 
(Se deja caer abatido en el sillón. 

Laura. (Mirando al cielo.) 

(Ay! encontraré consuelo 
en tus brazos, madre mia!) 



FIN DEL DRAMA. 



de las obras Dramáticas y Líricas de la Galería 



haques de la vejez. 

ígela. 

eclüs de odio y amor. 

canos del alma. 

íar después de la muerte. 

mejor cazador... 
aque quieren las cosas, 
lor es sueño, 
cabo de los anos mil... 
ireon. 

aza de herencias. 
;aza de cuervos. 
,iaute, n\al y paje, 
uor, poder y pelucas. 
. llegar á Madrid. 

nito viaje. 

adicea, drama heroico. 

n razón y siu razón. 

ñizares y Guevara. 

mo se rompen palabras. 

sas suyas. 

nspirar con buena suerte. 

ismes, parientes y amigos. 

da cual ama á su modo. 

cinero y Capitán. 

a el diablo á cuchilladas. 

stumbres políticas. 

>n Sancho el Bravo, 
n Bernardo de Cabrera. 
| audaces es la fortuna. 
>s sobrinos contra un tio. 

anillo del Rey. 

amor y la moda. 

chai de cachemira. 

caballero Feudal. 

cadete, 
spinas de una flor. 
s un ángel! 
I 5 de agosto, 
atre bobos anda el juego, 

escondido y la tapada. 
n mangas de camisa. 
:stá loca! 

I rigor de las desdichas , ó Don 
Hermógenes. 



EL TEATRO. 

Sueños de amor y ambición. 
Esperanza. 
Ei Gran Duque. 

El Héroe de Bailen , Loa y Coro- 
na Poética. 
¡En crisis!!! 

hl Licenciado Vidriera, 
El Suplicio de Tántalo. 
Echarse en brazos de Dios. 
El rico y el pobre. 
El Justicia de Aragón. 
El Veinticuatro de febrero. 
El Caballero del milagro. 
El que no cae.,, resbala. 
El Monarca y el Judio. 
El pollo y la viuda. 
El beso de Judas. 
El Niño párdido. 

Faltas juveniles. 
Flor de 11.: día. 
Furor parlamentario. 

Hacer cuenta sin la huéspeda 
Historia china. 

Instintos de Alarcon. 
Indicios vehementes. 

Juan sin Tierra. 

Juan sin Pena. 

Juana de Arco. 

Judlt. 

Jaime el Barbudo. 

Jorge el artesano. 

Juana de Ñapóles. 

La escuela de los amigos. 

Los Amantes de Teruel. 

Los Amantes de Chinchón. 

Los Amores de la niña. 

Las Apariencias. 

La Banda de la Condesa. 

La Baltasara. 

La Creación y el Diluvio. 

La Esposa de Sancho el Bravo. 

Las Flores de don Juan. 

La Gloria del arle. 

Las Guerras civiles. 

La Gitanilla de Madrid. 

La escala del poder 



La Hiél en copa de oro. 

La Herencia de un poeta. 

Lecciones de Amor. 

Lorenzo me llamo y Carbonero 

de Toledo. 
Llueven hijos. 
Lo mejor de los dados... 
Los dos sargentos españoles, ó 

la linda vivandera. 
La Madre de san Fernando. 
La Verdad en el Espejo. 
La Boda de Quevedo. 
La Rica-hembra. 
Las dos Reinas. 
La Providencia. 
Los dos inseparables. 
La pesadilla de un casero. 
Las Prohibiciones. 
La Campana vengadora. 
La Archiduqucsita. 
La voz de las Provincias, 
La libertad de Florencia. 
La Crisis. 
Los estremos. 
La hija del rey Rene. 
La bondad sin la experiencia. 
Locura de amor. 
La escuela de los perdidos. 

Mal de ojo. 
Mi mamá 

Misterios de Palacio. 
Martin Zurbano. 

Nobleza contra Nobleza. 
Negro y Blanco. 
¡Ninguno se entiende. 
No hay amigo para amigo. 
No es la Reina!!! 

Oráculos de Talla. 

Para heridas las de honor, ó el 

desagravio del Cid. 
Pescar á rio revuelto. 
Por la puerta del jardín. 

Rival y amigo. 

San Isidro (Patrón de Madrid) 
Su Imagen. 
Simpatía y antipatía. 



Tales padres , lales lujos. 
Trabajar por rúenla ajeqa. 
Traidor, inconfeso y mártir. 

Un Amor á la moda. 

Una conjuración femenina. 

Una conversión en tres minutos 

Un dómine como hay pocos. 

Una llave y un sombrero. 

Una lección de corte. 

Una mujer misteriosa. 



El ensayo de una ópera. 

Maleo y Matea. 

El sueño de una noche de verano. 

El Secreto de la Reina. 

Escenas en Chamberí. 

A ultima hora. 

Al amanecer. 

Un sombrero de paja. 

La Espada de Bernardo. 

El Valle de Andorra. 

El Dominó Azul. 

La Cotorra. 

Jugar con fuego. 

La cola del diablo. 

Amor y misterio. 

EUcalesero y la maja. 



I'na mentira inocente. 

Una noche en blanco. 

l!n paje y un Caballero. 

Una falta. 

Ultima noche de Camoens 

Una historia del dia. 

Un pollito en calzas prietas. 

Un si y un no. 

Un huésped del otro mundo. 

Una broma de Quevedo. 

Una venganza leal. 



ZARZUELAS. 



El estreno de un artista. 

El Marqués dé Carayaca. 

El Grumete. 

La litera del Oidor. 

Gracias á Dios que está puesta 
la mesa. 

La Estrella de Madrid (Su mú- 
sica.) 

Tres para una. 

La Cisterna encantada. 

Carlos Broscbi. 

Galanteos en Venecia. 

Un dia de reinado. 

Pablito. (Segunda parte de Don Si- 
món.) 



Una coincidencia alfabética 

Virginia. 

Verdades amargas. 
Vivir y morir amando. 

Zamarrilla, ó los bandidos 
Serranía de Ronda 



La Cacería real. 

El Hijo de familia, ó el lan 

voluntario. 
Los jardines del Buen Retin 
El trompeta del Archiduque, 
Mor'étó. 
Loco de amor y en la corte. 
Los diamantes de la Coronai 
Catalina. 

La noche de ánimas. 
Claveyina 7 a Gitana. 
La familia nerviosa, ó el su< 

ómnibus. 
Las bodas de Juanita. 
Mis dos mugeres. 






La Dirección de El Teatro se halla establecida en Madrid, calle del Pez, nnm. 4 
cuarto segundo de la izquierda.